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sábado, 30 de julio de 2016

PPK baila, o "yo estoy bien, tú estás bien"

PPK baila. Para mi, como psiquiatra, es una buena señal. Las esperanzas de muchos están centradas en este hecho. ¿Por qué? Pues, me voy a permitir hacer un análisis transaccional de los últimos acontecimientos. 

El ser humano tiene seis áreas de su "yo": El padre nutritivo y el padre crítico (que forman el padre), el adulto (que realiza aquellas cosas que convienen hacer), y el niño, que se divide en tres (el niño libre, que disfruta de la situación; el niño sumiso, que experimenta miedo; y el niño rebelde, que hace las cosas por dar la contra)

Durante décadas, las imágenes que hemos tenido respecto a nuestros presidentes han sido rígidas, inexpresivas, pétreas. Sea por la investidura, o por el temor al escándalo, nuestros gobernantes se han caracterizado por su firme pugna entre su niño libre y el padre crítico. Sin ir muy lejos, los presidentes como Alan García, que por momentos demostraba su niño libre, consiguieron alta aprobación, más allá de los crímenes que se le imputan. Nicolas Sarkozy, Bill Clinton, Nelson Mandela, entre los que recuerdo, se han forjado una imagen entre la rectitud y el niño libre. Una persona con poder no deja de ser humana, y como tal, no deja de usar su niño libre. Es un buen signo.

Como psiquiatra, muchas patologías se dan por el evitar el niño libre (el juego, el sexo, el disfrute). Muchas veces la curación viene al usar tal área.  

El día de la juramentación lo hizo en adulto. El discurso fue en 'padre nutritivo'. Hizo lo que convenía hacer, y luego, se dio el tiempo para usar el niño libre. Es un buen síntoma. En una sociedad, achacada por el racismo, la intolerancia, el machismo, el crimen, pues necesitamos a una persona que disfrute ser presidente. No necesitamos a un ser que perciba la investidura como una carga o un lastre. Es bueno que el presidente use su niño libre.

Era previsible que, quienes usan más 'padre crítico' y 'niño rebelde' se negarán a usar el 'adulto'. Ésto puede llevar a una encrucijada. No respecto al presidente, sino al fin que lleva el uso del niño rebelde o el padre crítico. El niño rebelde hace las cosas por dar la contra, pero no logra hacer las cosas que quiere hacer. Está domado, o dominado, por un ente superior, es fácilmente manipulable. En la medida que el rebelde cree que ha conseguido algo con su actitud, se queda en el círculo vicioso de la No Ok, o malestar psíquico. Es como decir "te amo" con el ceño fruncido y de modo altanero. No es creíble. Si a esta actitud, le sumamos el mensaje desde lejos, de su lideresa, se confirma la frustración. Es el padre crítico. 

Bien. No nos quedemos en estas actitudes que generan ansiedad en quienes las usan. ¿Se imaginan cómo estará la salud mental o la ansiedad de aquellos 73 seres humanos? Pues tal vez, entendamos, pueden estar bajo mucha presión. No son víctimas. La víctima no escoge. Ellos sí. Y se imaginan, ¿cómo estará la salud mental de quien no acepta la derrota? Pues, imagino que puede estar rodeada de muchas personas que le confirman que está bien. 

Dejemos que quienes permanecen en niño adaptado rebelde continúen dejándose manipular. Disfrutemos un rato del baile. Hagamos un poco de niño libre, y luego entremos en adulto, para trabajar. 

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