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sábado, 27 de diciembre de 2014

Don Vito Corleone y la Familia - perfil psicopatológico

En revisión


Llevábamos casi dos horas en el estudio del Don. La luz amarilla de la bombilla incandescente hacía que todo parezca añejo y hasta solemne. Durante esas dos horas el Don se había mostrado amable y hasta juguetón por momentos. Mike mantenía su mirada directa hacia mi persona y a veces esbozaba una sonrisa cuando el Don contaba algún detalle de su niñez en Sicilia. Reconoció que su verdadero nombre era Vito Andolini y que a los doce años ya era todo un hombre. Quizá por eso la mafia intentó matarle a tan corta edad. El exilio en los Estados Unidos solo hizo que la confianza en ser un paria se arraigara más. Empezó trabajando en la droguería de los Abbandanando y tuvo el primer encuentro con Fanucci. Todos los presentes sabían que eran datos que nunca había contado y que tenían un precio. Luego narró como se instaló en los barrios de Nueva York y lo que le costó ganarse el título que actualmente ostenta. No me resultaba extraño que un hombre de su edad tenga tanto que contar y haya pasado tanto para vivir na vida decente. Una vez que pasó el tiempo prudencial el Don hizo una seña a Tom Hagen y éste le llenó la copa de un licor y luego me acercó un pequeño vaso de anís. Lo bebí y se me despejaron los entumecimientos de las piernas. El Don es tan conservador a la hora de hablar. Los caporagime están de pie junto a la puerta. Sólo Tom Hagen se queda en su sillón fumando un cigarrillo. El Don se rasca la barbilla y mueve la cabeza en desaprobación.
-Nunca me he negado a responder las preguntas de nadie. Nunca. Y tienen mi palabra de que es cierto lo que digo. ¿Qué pasaría con los jóvenes si se les niega el saber? ¿Terminarán formando parte de una pandilla de asesinos que matan sin preguntar? No. Eso nunca. Por eso he decidido responderle señor Scamarone. Y digo Scamarone pues su apellido me parece respetable entre los mismos miembros de la Familia. En especial los católicos sicilianos que llegaron hace casi un siglo a estos puertos. Su apellido me llena de orgullo y por eso lo respeto. Y quiero que sepa que si lo respeto espero lo mismo de usted. Un día, que tal vez nunca llegue, le pediré que me devuelva el favor.

Dicho esto Don Corleone sorbió un poco de strega que Tom le había servido. Luego hizo una seña a Mike, que se puso de pie de inmediato. Éste me tomó por el brazo y supe que era el final de la entrevista. Nervioso, sudando, giré la cabeza para ver por última vez al Don. Pude zafarme de la mano poderosa de Mike y avancé dos zancadas hasta el escritorio de Don Vito Corleone.
-Perdóneme por preguntarle sobre su vida, Padrino.
Fue cuando el Don hizo un gesto con la mano y todos guardaron sus armas. Solo Tom permanecía quieto e impasible. El Don agregó:
-No me gusta la violencia. No somos asesinos después de todo. Vaya con tranquilidad. Mis guardaespaldas lo escoltarán en un auto hasta que usted se encuentre seguro – sorbió un poco de strega y se puso de pie con la majestuosidad que emanaba de su vejez y experiencia – Tenemos muchos enemigos, algunos gratuitos, por eso mis hombres cuidarán que no le pase nada. Dios no quiera que alguno saque un arma y usted se encuentre en medio de un tiroteo.
-Gracias, Padrino.

Mike me hizo una seña que interpreté como una orden para retirarme.

Caminé hasta el pórtico mientras pensaba en todo lo dicho por el Don. Sabía que no había retorno. Todos estaban en sus casas. Nadie asomaría pasadas las diez de la noche en la villa de Long Beach. Clemenza y Tessio iban tras de mí. Así que era momento de empezar a sacar conclusiones. El Don provenía de una familia de agricultores del pueblo de Corleone, en Sicilia. El padre del Don murió asesinado por no ceder ante un pleito con el caporegime local. Eran los finales del siglo XIX y la mafia siciliana era una especie de gobierno en las sombras. Las autoridades estaban mal vistas y acudir a ellas solo empobrecería a los demandantes de justicia. Vito tuvo que huir de esa guerra. Dejó su pueblo. Dejó a su madre. Pero conservó un vínculo con su origen: Corleone. Su oculto origen pero a la vez evidente. Tal vez una burla al mundo que le había quitado tanto. Su vida en los estados unidos tampoco fue fácil. Se adaptó a la primera guerra mundial, la gran depresión y sobrevivió a la segunda guerra mundial.
EL Don se había caracterizado por ser un conservador. Para él la familia constituía la vocación de todo hombre. Un hombre que no velaba por los suyos estaba cometiendo “infámitta” y eso era tan reprobable como un asesinato. El Don poseía cabeza fría y por eso calculaba el peso de cada hombre. Sabía que los impulsos eran una mala guía para tomar decisiones. Eran bien valoradas sus intercesiones a favor de algunos asuntos. Por ello se ganó el título de “padrino”.

No se le podía incriminar en nada. El Don sentía culpas aunque aprendió a reprimirlas. No tenía ningún tipo de pensamiento que le quite el sueño ni le despierte a medianoche. Sus únicos reveses fueron el inicio de Santino en la mafia y su posterior muerte a manos de Sollozzo. Don Vito Corleone sabía el poder de sus palabras. Medía al milímetro cada cosa que pronunciaba. A Don Vito le era conocida la virtud de ser un buen negociador. A veces toleraba los insultos de sus oponentes. Pero jamás perdía los papeles. Por ello, si al final de una negociación no se llegaba a algún acuerdo, Don Vito sencillamente se retiraba. La vendetta aparecería en cualquier momento. Frío para los negocios pero cálido para la familia, Don Vito sería considerado un disocial con clase. Un capomafia. Jamás un simple sirviente. Por ello cualquier insinuación a menor valía no era apropiada.

La adaptación de las Familias italianas en diversas partes del mundo era famosa. Su contraposición a las reglas era legendaria pero le había significado la sobrevivencia.

El Don sabía que hijos había criado. Santino era el más impulsivo. Por lo tanto, según el Don, carecía de lo necesario para heredar el negocio de la Familia. Freddo era muy dado a los placeres. En cambio Michael era el más frío de sesos. Capaz de asestar un golpe lento. Mike, tras la muerte de Santino heredó la Familia.

Los psicópatas, sujetos amorales, basan su vida en lealtades implícitas. Se rodean de gente con deseos de morir y los usan. Usan sin remordimiento a los demás. Son fríos, calculadores aunque pueden establecer vínculos que les aseguren un beneficio. En este caso el Don necesitaba a su familia: los Corleone. Entiéndase “familia” tanto como la extendida visión conservadora donde intervienen numerosos miembros (abuelos, padres, tíos, tías, hijos, nietos); además de una extensa red de contactos leales que practican la “omertá” o ley del silencio. Quien traiciona a su familia, traiciona su mundo y debe morir. Me quedó claro la tipología psicopatológica del Don aunque sabía que mis preguntas merecían un pago: mi vida.

Fui conducido sin cruzar palabra hasta el auto y emprendimos la marcha. Fue cuando percibí movimiento en el asiento trasero. Era Clemenza queriendo enlazar mi grueso cuello con un hilo de seda fina pero Tessio lo detuvo. Nos detuvimos en una gasolinería de la carretera. Clemenza me hizo una señal y entendí que debía bajar. Antes de partir me dijo:
-¿Conoce la omertá?
-Sí.

-Hágalo – y partieron a la carrera. Nunca más supe de ellos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La esquizofrenia de "chiquirrín" - Jean-Baptiste Grenouille (El Perfume, de Patrick Süskind)

En proceso de corrección

El Perfume
Historia de un asesino

Patrick Süskind

Contexto literario:

La novela de Patrick Suskind engalana la literatura europea de los últimos treinta años con un arte olvidado: los olores. Con estas páginas nos remontamos al París del siglo XVIII, caldo de cultivo para la revolución francesa. Párrafo a párrafo Suskind nos pone en la cara un recuerdo maloliente o fétido de nuestro pasado. Sino como se explica el asco o la nausea ante sus descripciones banales pero efectivas, a veces sutiles y a veces tan rebuscadas. Patrick a la vez nos muestra una sociedad seccionada en tres estratos. El pueblo, maloliente, putrefacto, hambriento, expuesto a enfermedades crónicas, avejentado a pesar de su juventud y reclamando a gritos un cambio; los ricos, situados en el barrio de la Cité, al otro lado del río Sena; y la distante realeza, pocas veces mencionada, inalcanzable.
Es curioso que se mencione la descripción del pueblo como enfermo pues en aquel mundo tan disímil pero uniforme en miseria moral nace nuestro personaje. Algunos autores señalan que la epidemia de sífilis en Europa fue de tal magnitud que para el año 1770 ya muchos de sus habitantes sufrían de sífilis terciaria que sufrían de ataques epilépticos frecuentes, además de cambios en su personalidad, propios de esta etapa de la enfermedad. Tal vez, queriéndolo o no, Patrick Suskind nos describió la epidemia parisina de sífilis y sus posibles repercusiones en la revolución francesa, un hecho que cambió al mundo, y que tal vez tuvo su origen en una enfermedad.

Sobre el “Chiquirrín”

Como empezar a describir a Jean-Baptiste Grenouille. Es difícil ante la abundancia de datos de las primeras cien páginas de la novela. Para el autor su personaje, su creación es un monstruo genial. Incluso comparable con Napoleón. Pero le da el matiz respectivo al volverlo ignoto por magnificar el mundo de los olores. La ciudad de París es un personaje más. Llena de olores nauseabundos, sin medidas de salubridad, en medio de festejos reales, y abarrotada de gente a la busqueda de una muerte temprana.
Empezaremos por la madre de Jean-Baptiste: una mujer enferma que pare a Jean-Baptiste el 17 de julio de 1738. Una mujer joven, de aproximadamente veinticinco años, que salvo cinco natimuertos, “conservaba casi todos los dientes y algo de cabello en la cabeza y, aparte de la gota y la sífilis y una tisis incipiente”. La forma en la que Suskind nos describe a la madre de Grenouille nos sorprende pero para las crónicas de la época y los datos históricos es bastante coherente. La alta mortalidad, las guerras y la hambruna de la población han diezmado la edad media y llegar a los 30 es un reto de valientes. El nacimiento de Jean-Baptiste está consagrado por un acto de suprema maldad. Siendo inocente, un recién nacido, se le envuelve en el atroz fusilamiento de su madre.
Según las nodrizas que le cuidaban no despedía algún olor en particular. Nada propio o singular. Es sabido por los médicos semiólogos que algunos olores son patognomónicos de ciertas enfermedades, como la fiebre del heno, la fiebre tifoidea, la brucelosis. Incluso se menciona en la novela que algunas personas olían a gangrenas y a tumores malignos. La precisión que hace Süskind nos sume en un mundo cuyas siluetas están dibujadas por los olores.
El rol materno se ve interrumpido, tanto por ausencia de vínculo y apego como por la súbita muerte de la madre. El rol de cuidado lo ejercen varias nodrizas parisinas.
De ellas destaca la primera Jeanne Bussie, de la Rue Saint-Denis. Ella se queja de la voracidad del niño. Ella es la primera en notar la ausencia de olor en el niño, el cual era irritable e inexpresivo. Parecía no abrir los ojos y cuando lo hacía estaban cubiertos de una película blanquecina. Eso da una idea sobre algún mal congénito, quizás una sífilis congénita o algún tipo de hipoxia al nacer. Teniendo esa premisa nos es fácil poder dilucidar cual será el futuro que Süskind le quiere dar a su personaje.
Antes de proseguir quiero referirme al horror que sugiere la ausencia de olor. En la novela esa carencia se compara con la no existencia. Es normal que un ser humano, un animal, una cosa, tenga olor. Pero la carencia del mismo es comparado a una maldición o algo demoníaco.
Jean-Baptiste tenía un apetito límbico, voraz, que lo asía fuerte a la vida. Era como si se pudiese determinar en donde estaba la lesión de Jean-Baptiste. Si sometiesemos a Grenoulliee a una resonancia magnética identificaríamos una lesión de hiperfunción límbica o tal vez micro infartos en la sustancia blanca que modulan la respuesta cerebral.
Volviendo a la crianza. Grenouille no pudo tener mejor tutora que madame Gaillard. La mujer era inexpresiva en emociones, fría, no calculadora, sino anafectiva por una lesión frontal como se describe en la obra. Su padre le profirió un golpe en la frente con un atizador que le quitó el olfato y de calor humano. “La ternura le fue tan ajena como la aversión” escribe Suskind.
Si una persona incapaz de crear un vínculo, por una lesión frontal, se dispone a criar hijos lo puede lograr pues se limita a hechos básicos como la alimentación, el cambio del pañal, controles médicos, pero carecerá del amor que requieren los niños para crecer. Jean-Baptiste Grenouille no podía tener mejor mentor. Un ser inexpresivo criando a otro. Un ser que carecía de afectos criando a otro. Además, hay lesiones que agravaron más la condición de Jean-Baptiste. Sobrevivió a una caida de seis metros en un pozo, la varicela, el cólera, al sarampión y una quemadura en el pecho con agua hirviendo.
Todo esto le dio un aspecto particular. Le dejó cicatrices en el cuerpo, y le dejó un defecto al caminar. Jean-Baptiste subsistió de comidas frugales. Lo atesoraba como una garrapata atesora una gota de sangre. Hay particularidades que empiezan a fortalecerse en Grenouille. Su mutismo, el retardo en el lenguaje, el aislamiento, la pasividad. Tardó en ponerse de pie hasta los tres años. Nominaba los objetos por olores y su concepción y significado entrañaban su aprendizaje odorífero del mundo. Reconocía a las personas por sus olores. Pero otro rasgo era que le eran ajenos las nociones morales como responsabilidad, gratitud, Dios, y otras. Muchas veces tenía dromomanías (raptos por correr o escapar sin motivación aparente), posiblemente relacionadas a su retardo mental y rasgos autistas. Hasta aquel entonces la novela nos muestra a un Grenouille con rasgos autistas, psicopático, amoral retardado, con posibilidad de males congénitos, criado por una nodriza amoral y anósmica.

Grenouille caza olores

Cuando Jean-Baptiste cumple quince años sufre un horrendo despertar. Los adolescentes despiertan a la sexualidad mediante la masturbación o la excitación del sexo opuesto. Al tener a un joven con lesiones límbicas, múltiples retardos que fue compensando con el tiempo, amoral, con la única responsabilidad de seguir vivo y evitar el castigo, un ser casi parasitario, su despertar a la adolescencia no iba a ser normal. En el caso de la novela, Grenouille despierta una noche de festival cerca del Puente del Rey al percibir un hilo de perfume humano, una esencia que no había percibido nunca y que encajó todo su repertorio de aromas en un completo orden. Pero Jean-Baptiste quería ese olor. Quería poseérlo. Por eso se lanzó a cazar el delicado hilo de perfume y llegó pasando la orilla del Sena al barrio de La Sorbona. Para Jean Baptiste el hallazgo de la joven no fue lo m´pas importante sino el descubrimiento de que un cuerpo virginal podía expeler un aroma tan delicioso. Para evitar que la joven grite la ahorca con una contemplación patética. Una vez que puede oler hasta la extinción el aroma corporal de la chica se marcha sin remordimientos.
Cuando Giussepe Baldini le acoge como ayudante perfumista empieza la etapa de perfeccionamiento de sus fetiches odoríferos. La necesidad de poseerlos o de obtenerlos mas allá de lo que podía estar conteniendo le enloquecía. La idea de aprender nuevas formas para capturar los más efímeros olores lo llevan a Grasse a los 18 años y es en ese camino donde empieza un brote psicótico característico. Paranoide al principio, con ideas de asco a la humanidad, casi podía pasar como un misántropo. Al llegar al Plomb du Chantal sufre el éxtasis de la paranoia. Quería huir de los humanos y estaba convencido de ver por la nariz. Esto se llama sinestesia y acompaña con frecuencia a la esquizofrenia paranoide. Se aisla del mundo, vive de comer lagartijas, serpientes y líquenes. Sufre de éxtasis panaoides y megalómanos por momentos.

Me remito a las lecturas de Honorio Delgado sobre el pensamiento esquizofrénico. Jean-Baptiste Grenouille usaba el simbolismo primitivo. Esto le hace imposible separar sus afinidades por los olores, por las alucinaciones y su interpretación paranoide del mundo. En el clímax de Plomb du Chantal tiene poder mágico del pensamiento y la palabra. Tiene reificacion cuando no entiende de las metáforas que le narra Baldini. Al hacer los perfumes de los cadaveres de las mujeres tiene participación en el alma ajena. Las extravagancias y el amaneramiento también están presentes en este ser. Aparte de la frialdad para los afectos y los síntomas negativos, con conductas parasí
ticas y hasta urraquismo se puede decir que Jean Baptiste Grenouille sufría de esquizofrenia paranoide, si es que la novela se lee con énfasis en la mitad final del libro. Pero si le agregamos los antecedentes patológicos y el retardo con rasgos autistas se puede sugerir que su diagnóstico es un trastorno delirante de origen orgánico.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Todos los niños saben cantar

por Carlos Vera Scamarone

La llegada de un hijo genera gran expectativa y a la vez la posibilidad de realización de muchos padres. Los sueños por cumplir, las metas que faltaron alcanzar y los anhelos de perfección o rectitud constituyen una muda pero sólida muralla que se impone a los recién llegados. Y esta imposición puede generar un mejor acuerdo en las voces o, a veces, el mutismo del tenor ante la platea.

Según el Panchatantra, escrito en sánscrito en siglo II a.C. “Cada niño tiene escrito cuatro cosas antes de nacer: su hado, su riqueza, su educación, y el final de sus días”. Pues basándonos en estos preceptos así como el análisis transaccional de Eric Berne cada niño tiene el potencial para formar parte de la sociedad. El asunto determinante es la formación que le puedan otorgar los padres.

Las órdenes paternas (madre y padre) vienen matizadas de muchas formas. Pueden ser directas, claras y fáciles de entender como también pueden ser castrantes, disparatadas y hasta mortales. Pero los niños no saben otra cosa mas que cantar. ¿Cantar? Sí, cantar.

Me explico. Sea como sea el niño, tenga o no alguna diferencia, será el receptor de los acordes musicales de la familia. Tiene oídos aunque sea hipoacúsico, tiene voz aunque sea mudo, o puede ver aunque sea ciego. Los niños leen el lenguaje corporal, la voz, la entonación de la misma, y pueden “ver” mejor la emoción que predomina en una familia.

Hay padres que, gracias a la modulación de sus voces pueden incentivar al niño a encontrar sus propios acordes. Para ello debe llegar el momento en que ellos deban callar y esperar en silencio a que el pequeño ser se manifieste. Pero también hay padres que con sus voces de tenor o soprano pueden callar la expectativa del pequeño enmudeciendo. Eso lleva a que la voz se manifieste de otra manera. Sea como llanto, como ira, rabia, negación o desaprobación ficticia. Todo ello para encontrar alguna caricia, generalmente negativa.


Durante estos años que llevo en el mundo de la psicología y la psiquiatría he podido ver como los niños siguen el ritmo que les trazan sus padres y estoy seguro de que modulando el coro familiar conseguiremos que nuestro hijo escuche su propia voz.   

viernes, 3 de octubre de 2014

Los que quedamos

Cerré la trajinada puerta del cuarto de aislamiento pero me detuve antes a contemplar por última vez a mi amiga. Su rostro estaba parcialmente cubierto por una mascarilla transparente por la cual le llegaba el oxígeno vital. Respiraba con dificultad. Aun así tuvo la fuerza para alzar su pulgar derecho y esbozar una efímera sonrisa. Sus ojos estaban entrecerrados. Ya no vestía mandil. Ahora le llegó el turno de convertirse en una paciente de aislamiento en algún hospital de Lima.

¿Quién podía saber que los pacientes que atendió en su hacinado consultorio portaban la cepa tuberculosa resistente a antibióticos? A pesar del extremo cuidado que ella le ponía a su trabajo nunca falta una bacteria que se cuele por los microporos del polietileno y termine en el más ínfimo alvéolo pulmonar. Allí con el debido cuidado formará su casa, se multiplicará, qu
errá más y más, abarcará más alvéolos y luego un lóbulo, y luego el cuerpo. Las bacterias son ambiciosas. No se detienen al llamado. Son colonizadoras eficaces y basta decir que ni el fuego de un volcán, ni el ácido de las baterías ni las aguas insanas de un reactor nuclear son una barrera. ¡Qué será en el cuerpo de una médico adulta joven! Pues nada. A la bacteria no le importa pues no razona. Ellas se guían por el instinto. Ellas hacen lo que han venido a hacer: vivir y reproducirse. En su camino invadieron el cerebro y los riñones. Por ello ver su pulgar levantado me dice que aún queda algo de ella.

La conocí cuando estudiábamos en la universidad de San Marcos. Eramos extraños que convergieron en esa singularidad llamada facultad de medicina de San Fernando. Y recuerdo que me llamó la atención su belleza andina y lo liviano de su andar. Me enamoré de ella aunque no fue recíproco. Le dediqué varios poemas y cuentos donde ella era la protagonista. Era mi forma de inmortalizar a un ser amado. Amores de juventud, ilusiones pasajeras. El tiempo, los cursos y los grupos se encargaron de distanciar mi mente de las pasiones y amainar al adolescente.

Durante casi 20 años, habiendo vivido muchos gobiernos, puedo decir que el médico nunca estuvo en una peor situación a la actual. Somos un recurso humano reciclable. ¡Simple! Con el mismo sueldo por más de diez años llegó la verdad ineludible de que en nuestro país no vamos a lograr revoluciones científicas ni tener un mejor estilo de vida. Por ello, durante las décadas del 90 y el 2000 se dieron masivos éxodos de médicos peruanos al extranjero. Primero la meta eran los Estados Unidos. El contagio del “sueño americano” alcanzó las aulas estatales y era algo de cliché escuchar: “termina fisio y nos vamos juntos al ICPNA”. Grupos de diez o veinte estudiantes salían directo, sin despedirse, al estudio del inglés norteamericano. Pues ni bien culminaron medicina humana migraron a estudiar en los Estados Unidos de Norteamérica. Yo fui uno de los que se quedó. Culminé mis estudios generales de medicina y decidí quedarme. Siendo sinceros por mi mente nunca cruzó la idea de emigrar. Sea por falta de decisión o procastinación profesional, me quedé. Postulé a una vacante en el servicio rural en las alturas de Cerro de Pasco. Tuve la bendición de que mi puesto estaba en la vertiente oriental de los andes, allí donde el sol calienta algo pero no tanto. Fue una época de revelación. Las noticias me llegaban por el hilo telefónico: -Fulano se fue al hospital John Hopkins-. ¡Wow! Era como si los amigos que conocí estuvieran predestinados a la gloria. Mientras continuaba suturando heridas contusas y atendiendo partos, recetando jarabes y diagnosticando infecciones venéreas en los mineros. La década del 2000 se caracterizó por el éxodo de médicos a Europa. España se convirtió en la mamá gallina que acogió a cientos de colegas. Muchos amigos, reales compañeros de viaje por la vida, se fueron buscando un futuro mejor (y lo encontraron). Yo me quedé. Por aquel entonces contraje matrimonio: aquella rara infección de la que muchos se curan con el divorcio, tan de moda en épocas actuales. Contraer matrimonio me abrió la puerta a un estado diferente: lo necesario. El tiempo transcurrió y la psiquiatría me tomó en su pecho. Vinieron las hijas, creció el amor y se volvió real. Los empleos mejoraron: estaba subcontratado pero con cien dolares más en el bolsillo. Ahora que tengo hijas me siento con una responsabilidad hacia el futuro: quiero que ellas no pasen por lo que he pasado, que puedan caminar por las calles sin el temor a que una bala las atraviese de lado a lado. Dilema de adulto, frutos en la vejez. Decidí quedarme a trabajar en mi país. Hay mucho por hacer. Y como psiquiatra me siento abordado por una responsabilidad moral. Ingresé a trabajar a un hospital de Lima como médico especialista en psiquiatría.

Hace unos días me llamaron del piso de infectología. Era sobre una paciente que tenía tuberculosis XDR, esa que no tiene cura, a la cual hay que brindar cuidados paliativos y esperar. Con mi clásica postura despreocupada caminé hacia las escaleras pues tengo que hacer ejercicio. El sedentarismo mata más gente que el ébola. Miré la hoja de interconsulta para saber la edad y la cama mientras me desplazaba por los pasillos. Tenía 40 años como yo. Quizás tenga hijas como yo y esté atiborrada de créditos, igual que yo. De pronto me quedé estático y frío. “Ese nombre lo conozco” dije en voz alta. Era como una epifanía. A la velocidad de un parpadeo me invadió la emoción que calentó mi pecho. Tantos recuerdos de la juventud. ¿Será posible? Entonces apresuré la marcha y llegué al vitral que me separa del área de aislamiento. Las órdenes de bioseguridad están especificadas. Me puse un mandil más encima y cubrí mi rostro con una mascarilla. Cogí la historia clínica y vi su estado civil. Estaba casada y era madre de dos niños. Residía en Lima pero trabajaba como médico general en la periferia. La visión se me empañó. Era por las lágrimas que surcaban mi rostro. Estaba a solo un metro de la joven que me acompañó por muchos años a las clases de anatomía, de fisiología, farmacología, semiología, medicina interna, cirugía, ginecología y de pediatría. Busqué en mi banco emocional si es que quedaba algo por canjear de aquel vetusto pero hermoso amor y descubrí que ya no quedaba nada. Solo el más profundo respeto y alegría por alguien especial. Cerré la historia y caminé hasta la puerta de la habitación donde ella luchaba por oxigenar su cuerpo. Abrí la puerta y no pude aguantar el llanto. Lo disimulé para no despertarla. Ella estaba con los ojos entrecerrados. Me acerqué a su lado y le cogí la mano. Una débil apretujada de mano me correspondió.

-¡Hey! ¡Cómo estás! - fue lo primero y más idiota que he pronunciado jamás. Ella me miró con un cansancio que llevaba por años. Una lágrima abandonó su ojo izquierdo y siguió por la liguilla verde de la máscara venturi.
-¡Carlos... Vera... Camarón! ¿Aún.... escribes cuentos?
-Sí – estaba llorando mientras hablaba – y en ellos a veces apareces tú... - suspiré mientras ella hacía una pausa.
-Te... quedaste – lo hizo con dificultad.
-Sí.
-Pensé ...que te irías... eres de esos.
-Yo me quedé...alguien tenía que hacerte reir. Feliz día de la medicina peruana – le dije ya sin poder contener el llanto. Nos quedamos a vivir en el Perú. Nos quedamos a trabajar donde teníamos arraigo. Nos quedamos a soñar hasta que nos despertaron de un solo golpe.


Ella me cogió la mano con más fuerza y pareció adormilarse. La dejé descansar y me retiré en silencio. Antes de irme le di una última mirada. Éramos sanfernandinos. Estábamos para luchar hombro a hombro. Por eso nos quedamos.

Cuento "Los que quedamos" Carlos Vera Scamarone

martes, 23 de septiembre de 2014

¿En Perú hablan español?

Estoy esperando el vuelo que me retorne en cuerpo (mas no en alma) a Lima. Y hay cosas que no quiero dejar pasar. Primero: me llamó la atención lo duro que puede ser para un humano cambiar de latitud. Recién me estoy acostumbrando al horario y ya me voy. Tuve que descansar varios días al atardecer para lograr equilibrar mi reloj biológico. Ni la melatonina ni el mate de coca compensan el desajuste.

Los parisinos tienen una de las más bellas estaciones de metro que he visto: Montparnase. Los deseos de que en nuestro Perú se repita similar experiencia (la del metro) son casi obsesivos. Un ingeniero chileno, con quien conversamos durante un desayuno, me dijo que el suelo de Lima tiene muchas filtraciones, lo que dificulta (pero no imposibilita) la construcción de un metro. Respecto a España prefiero guardar recato pues hay diferencias culturales. Seré conservador por la cantidad de amigos que habitan sus diversas regiones. Las divisiones pueden afectar a una nación sin que se aparente. Por fin entiendo lo del país Vasco, Asturias, Cataluña y Castilla. Cada cual tiene variantes de una misma lengua latina ancestral.

En Madrid se puede encontrar cientos de nacionalidades, diversos, Son respetuosos de las reglas. Los taxis se estacionan en los paraderos establecidos. La gente respeta las señales al cruzar la calle. En Barcelona tengo el agrado de hallar a mis amigos viviendo por años allí. Eso me gustó. El acuario, la plaza Colón, la plaza de toros, y la catedral de la Sagrada Familia. Las casas llevan más banderas independentistas que otras ciudades. Y es que el catalán, reprimido como lengua durante el gobierno de Franco, llevó a una exacerbación de los ánimos independentistas. Gracias a mis amigos aprendí la famosa "Ley de vida": los hijos se van y los viejos ¡bueno! Toledo, la fortaleza medieval donde los reyes católicos dieron inicio a la edad moderna también es importante. Su arte muestra como en un mismo lugar la tolerancia posibilitó la convivencia pacífica de árabes, judios e hispanos. Lo que no me gustó fue el tour que hice a El Escorial. El trato de la guía deja mucho que desear. Tal vez sus ansias de aguar el viaje pudieron más pero no la dejamos. Para eso hemos demostrado que los colombianos y los peruanos podemos ponerle salsa a la carencia de estrógenos.

En París hay un encanto desde su gente hasta la comida. Tenemos el prejuicio de que es caro. Sí, es cierto. Pero vale la pena invertir en comer bien. Allí es mucho mejor hablar español que inglés. Cuando se insiste en ese idioma parece activarse una barrera, como si una concha se cerrara. Da la impresión que tuvieran recelo como cuando los nazis entraron a saquear la ciudad. Pero bueno, eso es punto aparte. Veamos. Ir a París es bello y se puede identificar quien es latino y quien no. Entre turistas la mejor forma de comunicarse es el inglés hasta que salta alguien que pregunta: Du yu espik espanish? Y la respuesta es inmediata. "Si, por favor". Y lo que viene da para una película con Alonso Cuarón. Desde "Hijole, pos la neta me huele que esa es la estación de metro. ¡Claro! Pos habrá que ir", hasta la más desubicada ante la pregunta de donde proceden. Una chica mexicana, de novia, responde "Somos de México y ¿usted?" De Perú-dije y sonriendo. "¿En Perú hablan español?" Se me retorcieron las tripas de ganas de responder algo propio de tamaña ignorancia pero pensé "Es su luna de miel y mejor ser adecuado". Sí, le dije. Hasta el otro amigo mexicano que cuando se enteró que estaba ante un latino exclamó "¡Orale que chingao!" Interesante.

Luego de salir del Panteón fuimos a tomar un café y el mozo sirvió la comida con tanta caballerosidad que le otorgó hidalguía y abolengo a una simple pizza y un café. Era como si ese plato fuera de oro y preparado por manos expertas. Era como otorgarle un crédito extra al chef. Me gustó, tanto por el sabor y por el trato. "Sivuplé".  ¡Ah! Las habitaciones del hotel eran barrocas, como si en aquel lugar se hubiese escrito la Comedia o algún pensador rococó se hubiese posado sobre el tapete. Era pequeña pero bella.

Pasear por Sant Michell fue un viaje al pasado universitario de manera abrupta. Ver la Sorbona, ver la casa de Balzac, y por allí el café donde Vallejo tomaba algunos brebajes pues fue reconfortante. Pero de todas las catedrales me quedo con Saint Chapelle donde los vitrales iban desde el piso hasta el cielo. Cada uno podía lograr que se relate la historia de la biblia sin necesidad de moverse mucho. Construido en el siglo XII sobre las antiguas ruinas de los Galos parisien, encierra un encanto digno de reyes. Es hermoso.

Y el Cancan no es más que el resumen de la sensualidad de la mujer parisina y su fuerza. Es un digno espectáculo para disfrutar en familia y con una copa de champagne.  No hay lonjas de jamón ni siliconas, extra para mejorar la apariencia. El espectáculo eterniza lo mejor de la Belle epoqué.

Bien, dejo París, vuelvo a Madrid a esperar unas 6 horas para mi vuelo y a la jungla. El sueño terminó. Y hay que volver al Perú. Consejo: si son peruanos los que leen este post les ruego que no vean televisión nacional ni noticieros (menos los domingos). Además caminen. De cuadra en cuadra se llega lejos. Cumplamos las reglas. Es mejor actuar como adulto y ver que es lo más conveniente. Por el hecho de mostrar opulencia postergamos el bien común: me refiero a la corrupción y toda su lacra. Es el momento de cambiar. Es el momento de empezar.





domingo, 31 de agosto de 2014

¿Ha disminuido el coeficiente intelectual global de los humanos?

Ayer di una conferencia sobre maltrato infantil y depresión en niños. Una pregunta surgió del auditorio: ¿Qué opina del acceso a los dispositivos digitales en los niños? Pues la respuesta me hizo reflexionar y ahora ahondo un poco más. En una etapa donde el cerebro necesita acceso al juego como herramienta social y de aprendizaje es mejor evitarlos. El acceso a estos dispositivos, en los últimos diez años, nos está llevando a una generación de nativos digitales con escaso nivel de atención. Me soprendió, luego de mi conferencia en la feria del libro, que un joven de 15 años me pida que no escriba un libro tan largo (235 páginas). Es curioso que un nene pida eso pues otras novelas tienen una mayor cantidad de páginas. Pero por otro lado no es raro el pedido. Desde hace 20 años estamos acostumbrados a los resúmenes en galerías pre-universitarias. Resúmenes como las obras de Victor Hugo, Dumás, Vallejo, entre otros son la comidilla de los estudiantes.
Y ahora, en la generación de los 140 caracteres peor aún. Por ello el auge de las redes sociales y el twiter.
A mi parecer estas herramientas resumen la vivencia humana a 140 caracteres y unos cuantos emoticones. Hace unos días atendí a un adolescente depresivo que había sido rechazado por tres señoritas al declarar su amor mediante el facebook. Recibió dos emoticones como respuesta (carita triste). 

La capacidad de socialización humana se está resumiendo a unos cuantos caracteres, las tareas escolares también, los ejercicios de síntesis más. 
En la última década nos hemos llenado la boca y el bolsillo hablando de inteligencia emocional. ¿Qué inteligencia emocional puede mejorarse con el acceso a los dispositivos móviles o las redes sociales? No son sinónimo pero se complementan. La necesidad de contacto humano no se subsana con la ausencia del contacto. 
Hace unos días me pregunté si los humanos estamos siendo más o menos inteligentes que hace 10 años....y mi respuesta es.
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jueves, 14 de agosto de 2014

Los viajes en el tiempo o los círculos de la maldad - conferencia en la 19º Feria Internacional del Libro de Lima

Si las personas pensaran mejor al comer, seguro Mistura quedaría desierta. Es un pensamiento vano antes de adentrarme en este periplo literario de las maquinas del tiempo y los viajes por la cuarta dimensión.
Para empezar podemos clasificar los viajes en el tiempo en dos: con máquina o sin máquina. Los viajes sin máquinas del tiempo ya tienen su longevidad al ser descritos. El apocalípsis de San Juan es una de las muestras, en donde se lee que un ángel del Señor le muestra el futuro a un atribulado evangelista. Luego tenemos Anno 7603 de Herman Wessel, publicada en 1781. En ella un viajero es transportado al año 760 en donde se encuentra con una sociedad distópica. Además tenemos las narraciones de Samuel Clemens (Mark Twain)
y Charles Dickens en donde por un golpe o por desidia, respectivamente, los personajes viajan en el tiempo.

Sin embargo las máquinas para viajar en el tiempo no son una creación tan reciente. Entre ellas está la novela que inicia un ciclo de creación, a ritmo de zarzuela, "el anacronopete", escrita por Enrique Gaspar y Rimbau. Esta novela data del año 1887 y nos da los parámetros de como se puede viajar al pasado. Describe el armatoste de acero como una pieza que se mueve con electricidad y con el fluido García.
En 1895 llega la muestra de grandeza con Herbert George Wells y "La máquina del tiempo" o los argonautas crónicos. Wells nos da una idea de como la aceleración y desaceleración nos permite viajar en el tiempo siguiendo los cánones newtonianos. Albert Eisntein postuló un mecanismo similar 15 años más tarde. Pero la historia de Wells es mucho más. Fue escrita en una época convulsionada, en donde la separación de clases en una Inglaterra Victoriana se hacía evidente. Eran los inicios de la belle époque en Europa y ya habían surgido las ideas socialistas de Marx. Wells, por aquel entonces recibió una beca para estudiar ciencias naturales y tuvo como profesor a Huxley. Perteneció a la sociedad Fabiana (nominada así en honor a Quinto Fabio Maximo, el cunctator de Roma). Dicha sociedad propalaba el cambio lento y progresivo de la sociedad sin incidentes revolucionarios como quería Marx. A dicha sociedad también pertenecía Gerorge Bernard Shaw, el premio nobel de 1925, autor de "Papillón" y "Hombre y superhombre". ¿Imagienense lo revolucionario que significa inculcar ideas socialistas en Inglaterra? En su descripción del futuro, Wells nos habla de dos sociedades, a modo de reflexión: los Morlocks (o proletarios) que vivían en cuevas y los Eloi (o aristócratas) que viven en la superficie. Cada uno es cazador y presa. Wells además nos habla de las consecuencias de nuestros actos como especie.
Posteriormente tenemos escritos como "El planeta de los simios" (1963) de Pierre Boullé donde en una misión espacial hallan un planeta distópico dominado por los simios. En el "Fin de la eternidad" (1955) de Isaac Asimov, nos habla de el uso de los viajes en tiempo y nos avisa sobre las paradojas temporales. El evitar el sufrimiento lleva a que se deje de inventar y la autoeliminación. Se señala una aproximación a las paradojas temporales de Novikov, en donde un hecho pasado no puede alterarse. En "2001: odisea en el espacio" de Arthur C. Clarke nos habla de un monolito colocado en la tierra por extraterrestres y esto lleva a la evolución de los homínidos.
Hay muchos autores y cada uno nos da una visión especial del viaje en el tiempo. Michael Crichton es uno de ellos con "Rescate en el tiempo" (1999).

Sobre las máquinas en el tiempo, cada una tiene una limitación pero en la novela "La paradoja Cane" (2014) nos basamos en el principio de autoconservación. Si la tierra viaja a en el sistema solar, y este en la via lactea, nuestra posición el espacio va a variar. Pero si consideramos el espacio-tiempo como una unidad pues si podemos realizar el viaje dependiendo de la rotación de la tierra.

viernes, 21 de febrero de 2014

IV Congreso de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción: presentación de "La paradoja Cane"


Antes de empezar esta presentación debo advertir que no tengo hermanos gemelos, así que, si ven a alguien igual a mi, acercándose al estrado o en la platea, deténganlo. Quiere evitar que de esta conferencia.

Al ver que no ha aparecido puedo suponer que soy parte de una paradoja temporal en donde mi otro “yo” lucha contra un ser casi omnipotente, un villano, para detenerlo y lograr que pueda presentarles hoy, “La paradoja Cane”.

Todo tiene un principio, y ese punto puede ser una sencilla e imperceptible corriente de aire del aleteo de una mariposa que así llegue a trastornar hasta una estrella. Somos el resultado de la interacción de elementos que siguen un orden numérico progresivo. Todos nuestros átomos vibran en finitas cuerdas conformando partículas, moléculas, células y la vida, que a la vez se conecta con otras más hasta formar un sistema de elementos.

¿que nos une? Pues en apariencia, nada. Pero hace seis años el telescopio Hubble, usando una espectrografía diferente a la usada por el ojo humano, descubrió una galaxia compuesta de anti-materia, y materia oscura. Esto no debería existir. Pero está. Con eso llegó la coronación al descubrir al Bosón de Higgs, o la partícula de Dios. Es así que todas las cartas están echadas en la mesa. Somos los hijos del átomo y las fuerzas que los unen.

Los elementos nos conectan en infinitas probabilidades con acontecimientos que pueden ocurrir en un mismo momento en diferentes lugares del planeta. Edward Lorenz, el meteorólogo que estudió el efecto mariposa se percató que, la introducción de tres o seis decimales en una ecuación podía generar resultados tan diferentes y divergentes que creyó que estaba en un error. Hawkins, el unificador de las teorías del todo y el caos, nos muestra un universo de diez dimensiones pues le es difícil calcular uno, más probable, de veintiseis. A lo mucho, en la serie de televisión Cosmos, Carl Sagan, amigo y colega de Hawkins nos muestra como sería una cuarta dimensión. Pero ¿26? sería difícil proyectar tales cálculos a un nivel visual.

Lo más cercano que se me ocurre es una proyección infinita de secuencias sobre un mismo hecho, o una suerte de deja vú para una misma vida. El problema, como narrador es convertirlo en una cadena de hechos que al leerse sea entretenida, y llevar al lector a vivir una aventura.

Ahora, hay que darle una motivación. En la novela de Wells, la máquina del tiempo se inicia como un experimento. El narrador toma el nombre del “viajero del tiempo” y va hacia el futuro. El narrador usa la primera persona para describir sus hallazgos sobre los "eloi" y los "morlock". Y va mucho más allá, hasta un futuro en el cual la atmósfera hace casi inhabitable el planeta.
En la paradoja Cane vamos a la inversa. El narrador es omniciente y viaja al pasado. Su motivación es cambiar una tragedia, una de las más poderosas a las que se enfrenta el ser humano: la muerte de un hijo. Una novela, a mi entender, requiere de un lenguaje sencillo, sin ambages, que permita volcar, en un alter-ego llamado Daniel Cane, el sufrimiento más terrible.
Una vez que tenemos la motivación podemos añadirle los personajes. Para esto me guié en los guiones de vida que postula Eric Verne, el creador del análisis transaccional. Un guion de vida puede develarse en cada persona y esto a la vez determina como nos relacionamos con los demás. Es así que aparece en la vida de Daniel Cane un villano: Duncan Hershell. Un acosador que da un giro inesperado: financia los delirios de Daniel.

La novela tiene varias capas, si se puede decir. Una es la trama psicológica, que impulsa a la vida de Daniel Cane y su villano, Duncan Hershell. Otra es la crítica a la ciencia, que usada con propósito lucrativo, puede terminar destruyendo a sus creadores.
Hay personajes que me parecen memorables, sea por cercanía o un alter-ego alterno siento simpatía por Ububa Zingá, el pirata senegalés que surca los mares en el Ubinda, su buque petrolero, donde se construirá la máquina del tiempo.
Y el gran personaje de la obra: el tiempo. Esa dimensión en la cual nos movemos sin siquiera percatarnos de su existencia. La narración lleva al lector a hacer introspecciones evocadas de cada personaje. Luego se les apura a modo de empujarlos a una lectura intensa. Los detalles, a veces minúsculos, pueden ayudar y ser los más importantes.

Esta novela se basa, además, en las enseñanzas de Armida Quiñones: una nonagenaria visionaria que me inició en el conocimiento de los quarks, los neutrinos, la fuerza fuerte, la fuerza débil y la gravedad.

Sin más les invito a entrar en la paradoja Cane, una novela de ciencia ficción.
Y quiero agradecer las palabras del catedrático en literatura Elton Honores, quien me permitió tener un espacio en el IV congreso de literatura fantástica.
¡Quien sabe! Tal vez seamos parte de una paradoja.

Terminando así puedo mirar hacia la puerta de la sala, y percatarme que nadie me ha disparado. Por eso les invito a leer y entremezclarse en "la paradoja Cane".

domingo, 2 de febrero de 2014

La paradoja Cane - novela de Carlos Vera Scamarone

La paradoja Cane es mi primera novela. La ficción de la trama invita al lector a ingresar a un drama familiar que servirá como el inicio de la trama (y justificación). Las influencias de Asimov y Wells se hacen presentes y se puede hallar una suerte de homenaje encriptado a películas como El experimento Filadelfia y Volver al futuro. 
Para realizar esta obra fue necesario revisar las teorías de Stephen Hawking sobre el tiempo, en especial su libro La teoría del todo.  Además la nutrición en temas de física cuantica, difundidos en Scientific American, Nature y Science fueron impresindibles.
El primer bosquejo de trama se realizó en el mes de diciembre de 2010 usando la plantilla de una paradoja temporal. El detalle de cada personaje está en un libro de 80 páginas donde describo los aspectos psicológicos y físicos. Dicho libro, está demás, no será publicado.
Desde el lunes 3 de febrero La paradoja Cane estará a la venta en las librerías de Lima-Perú.