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sábado, 11 de agosto de 2012

The Walking Dead: Apreciación 1

El cómic de Kirkman ha calado hondo. No sólo por lo trillado que resulta el tema de los muertos vivientes sino por adentrarnos con una mirada gore al océano de los más complejos temores humanos. El mérito de esta saga de 100 historietas y 3 libros temáticos (por el momento) es exponernos una realidad: la maldad en sus diversas variantes. Si es que se consideran sensibles o poco tolerantes al asco es mejor que abandonen el post y no lo vuelvan a abrir más. Expondré lo que pienso y puede ser crudo.

El temor a la muerte no es tanto como el de ser un monstruo. En la trama de la historia nos muestra que los muertos pueden volver a la vida. Si alguien muere se convierte en un errante o mordedor. Sólo una vez usan el término "Zombie". Pero es allí donde subyace la complejidad. Los vivos son los verdaderos muertos vivientes. Saben que en algún momento les llegará la parca pero se aferran a vivir. Bajo esta premisa están permitidas las "mayores bajezas". Una de las primeras es la suposición de Lori de que Rick estaba muerto y por eso le dio curso a dejar su soledad y estar con Shane de quien es su hija Judith. Pero además nos muestra el apego hacia nuestros muertos. Tanto que son capaces de criarlos pues son sus hijos. No se acepta con facilidad que un hijo de 4 años se pueda volver en un animal. Se lucha por "no darse cuenta".

El sexo es una distracción para calmar la ansiedad y no es tan duradera. Muchas mujeres del grupo cambian sexo por compañía, protección y comida. Muchos varones salen a cazar, aunque no regresan, y terminan matándose entre ellos, por conflictos o discrepancias o por las mujeres. Es justificado matar a los hijos de otros si es que retrasan el avance. Es común el matar violar, matar, en hordas con tal de sobrevivir. Matar antes que te maten.

En el cómic se expone la canibalización y tribalización de la humanidad. El paso de lo caótico a lo salvajemente ordenado. Me quedo corto en las apreciaciones. Se puede observar como personas muy ordenadas, espirituales, "buena gente" como diría mi amigo Timón, personas bien pueden convertirse, ante el horror de ver como se comen a sus hijos, unos salvajes energúmenos y psicópatas. Es como si tuvieran un interruptor que enciende al criminal que se tiene dentro. Cuando se apaga y se observa la ocurrencia entran en shock. Abraham y Rick se parecen salvo que uno mató a quienes violaron a su esposa e hijos y el otro sigue asesinando pues no puede confiar en nadie. El verdadero hombre lobo o el zombi, da igual, habita en nosotros esperando salir. Para contenerlo el ser humano ha dejado la animalidad gracias a conceptos de moral, el concepto "dios", el concepto del "no". Eso nos separa de los demás, de los "no muertos". Los muertos son secundarios. La verdad cruda y descarnada es la verdadera historia. Cuando el ser humano se quiebra, en lo más profundo, jamás vuelve a ser el mismo. La derrota constante del apego da paso a la oscuridad donde habita el hombre lobo y esa oscuridad puede manifestarse en las insospechadas confesiones de un padre, un hijo, una esposa o un líder. La muestra máxima es el personaje de "el Gobernador". Alguien así solo puede ser producto de una fantasía o de la historia humana. Tuvimos y tenemos líderes así, pero la sociedad opta por hacer un escotoma, por quedarse ciega ante la barbarie. Las noticias de muerte son lo primero que cambiamos al ver la televisión pero muchos se quedan pegados a ellas. El gobernador le da a su tribu el entretenimiento de tal forma que los puede manipular y usar a su antojo.

"The walking dead" nos expone lo que somos como especie y hacia donde vamos. En la práctica nada ha cambiado. Basta con mirar a tu alrededor y verás que el animal humano sigue devorando a sus hijos de mil formas, verás que seguimos siendo las fieras u homínidos de antaño, solo que con corbata o traje sastre.

miércoles, 11 de julio de 2012

Conferencia: "De Darth Vader a Lord Voldemort: las cuatro esquinas de la maldad" FIL 2012

Hola amigos.

Les invitamos a la conferencia "De Darth Vader a Lord Voldemort: las cuatro esquinas de la maldad" a realizarse el día 27 de julio de 2012 a las 4:00 pm en el auditorio Clorinda Matto de Turner de la Feria Internacional del Libro de Lima. 
Ingreso Libre

martes, 26 de junio de 2012

La psoriasis y la ansiedad

Los tejidos nerviosos y la piel derivan del ectodermo embrionario. Ambos están en íntima conjunción. Las manifestaciones de ansiedad, cólera, ira, tristeza u otras emociones tienen especial repercusión en la piel. Es frecuente hallar ansiedad y cólera en pacientes con psoriasis. Hay especial dificultad para manifestar emociones además de una dificultad para aceptar las caricias de los otros. Es común que quienes sufren de psoriasis experimentan temor al rechazo.

Cuando una persona, que padece psoriasis, llega al consultorio de psicología o psiquiatría es recomendable fomentar la expresión adecuada y asertiva de las emociones.

viernes, 15 de junio de 2012

El Retrovirus del vínculo

Por Carlos Vera Scamarone



Los retrovirus juegan un tremendo rol en el genoma animal, pues al menos 8% del genoma humano está compuesto de retrovirus (1) en varios estadios, mimetizados en nuestros fenotipos u ocasionando cambios dramáticos durante nuestra evolución. Muchas de estas cadenas jamás pasaron a expresarse por ser deletéreas, o tuvieron una consecuencia mínima en la adaptación. La clase más conocida de genes, con dichas características, son la clase Syncitin o Sincitin, que han sido incorporados por el organismo huésped para mediar la trasferencia de nutrientes de la madre al embrión de los mamíferos euterios.

Según el estudio publicado en PNAS ( PNAS - February 14, 2012 - vol. 109 - no. 7) (2) llevado a cabo por Dupressoir y colaboradores, los retrovirus con genes Syncityn-Car 1 fueron “domesticados” hace 60 millones de años. Además se ha demostrado que, al menos, siete veces ha ocurrido la adaptación de estos genes Sincitin en la evolución mamífera. Los genes Syncitin proporcionan un ancla entre el virus y la membrana celular. Además, tiene asociación con inhibición de citokinas. Es decir, es inmunosupresor. La fusión celular es esencial para lograr la viabilidad embriónica y evitar pérdidas.

Analizando en retrospectiva podemos inferir que esta incorporación pudo suceder más tiempo atrás y que promovió la mutación necesaria para desarrollar una placenta. Curiosamente estas secuencias genéticas se expresan más en la placenta de los carnívoros. Es decir, un retrovirus proporciono la adaptación para que se genere toda una rama nueva de seres capaces de alimentar mediante mamas. La vinculación en los seres humanos es la base para otras funciones superiores como el afecto, la memoria colectiva o social, la base para lograr que funcionen las familias y la base para la moral.

Sin la adaptación de los retrovirus Syncity la vinculación tal vez fuese menos potente y la humanidad no hubiese llegado hasta el presente.

Fuentes

(1) Ancestral capture of syncytin-Car1, a fusogenic endogenous retroviral envelope gene involved in placentation and conserved in Carnivora Guillaume Cornelisa,b, Odile Heidmanna,b, Sibylle Bernard-Stoecklina,b,1, Karine Reynaudc, Géraldine Vérond, Baptiste Mulote, Anne Dupressoira,b,2,3, and Thierry Heidmanna,b,2 PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the Unites States of América)
February 14, 2012
vol. 109
no. 7

(1) Retroviruses push the envelope for mammalian placentation Harmit Singh Malik Basic Sciences Division and Howard Hughes Medical Institute, Fred Hutchinson Cancer Research Center, Seattle PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the Unites States of América)
February 14, 2012
vol. 109
no. 7





sábado, 9 de junio de 2012

La ansiedad de Julio Verne

por Carlos Vera Scamarone

Julio Verne ( 1828-1905) fue el hijo mayor de un acomodado matrimonio francés. Fue a la vez un escritor tardío. Estudió derecho sin embargo no ejerció dicha profesión por dedicarse a las letras. Esto enfureció a su padre, Pierre Verne, quien decidió no financiar más sus estudios. Desde esa época Julio pasó carencias francas (tanto por lo francés como por la penuria con que las relata). Sin embargo Julio resulta meticuloso y obsesivo. Cuando su padre les regala a él y su hermano un bote, Julio resuelve no viajar en este pues no ha planificado bien el viaje. La relación más cercana es con su madre. En las cartas que le dirige puede notarse el ánimo que pasa. Por eso sabemos que padecía de parálisis facial y de un posible síndrome de cólon irritable. Julio relacionaba dichos padecimientos con la “extrema tensión”.

"Trabajo de la mañana a la noche sin parar, y así todos los días (...) El estómago sigue bien, pero los tirones de la cara me molestan mucho; además, como tengo que tomar siempre algo, ya no duermo absolutamente nada. (...) Todas estas molestias proceden de los nervios que tengo siempre en extrema tensión."

otra

"Ahora bien, en mi caso el recto, presa de una impaciencia muy natural, tiene tendencia a salirse y, por consiguiente, a no retener tan herméticamente como sería deseable su gratísimo contenido. (...) graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad. Porque por decirlo de una vez…"

A los 29 años se casa con Honorine Deviane, hecho que concitó cierto recelo en su grupo de escritores conocidos como Los Once sin mujer. A los 35 años, fatigado por el matrimonio, entabla un viaje a escocia y noruega junto a un amigo. Al volver, su esposa le recibe con su recién nacido Michel Verne. Lo meticuloso de su obra se traduce en coincidencias científicas y adelantos para su época. Con el dinero de sus obras, establecido luego en Estados Unidos, compra un yate (impresiona el parecido con el episodio de su infancia).

Michel Verne se llevó mal con Julio, quién decidió recluirlo en un manicomio por un tiempo. Esto los distanció mucho más. La diabetes, un matrimonio que nunca funcionó, el conflicto con la postura política familiar, llevaron a Julio a sufrir varias penurias. Son muchas las cartas en las que habla sobre sus parálisis faciales. Es posible que a la vez la tensión, la idealización de las primeras relaciones puedan haber hallado un escape en la fantasía, en lo enigmático, en lo visionario. Sin esa ansiedad, sin la tensión, tal vez el mundo hubiese sido sombrío, sin las hermosas obras de Julio Verne.


 fuente de cartas y datos biográficosen "Grandes Biografías" y "Wikipedia"

domingo, 15 de abril de 2012

Homo Hominis Lupus

El monstruo que habita en cada humano, el zombi que obedece a sus impulsos, el asesino que cede y dispara, el abuelo que te coge a varas, los buenos muchachos del barrio, el palomilla con sangre en las manos y que niega las puñaladas, el buen cura con semen en la bragueta. Ecce Homo. El que adelanta su combi y atropella, el que en su camioneta se estrella en el puente, la madre que empala a su hija, la hija que apuñala a su madre, el juez que miente por dinero, el abogado que excusa delincuentes, el policia que sacude el cráneo a trompadas, el político que roba y niega, el mandamás que impone por que "así es", el presidente que aplasta sus promesas, la esposa que permite sus bajezas, el amigo que no encara y raja, el enemigo que silencioso aguarda, el médico que diluye la esperanza...
Ecce Homo, aquel hombre, heroe o sicario, ángel y diablo.



Como dijo el Joker "Hay hombres que sólo quieren ver arder el mundo.

sábado, 31 de marzo de 2012

Vértigo - un cuento de Carlos Vera Scamarone

                                                                   dedicado a Gonzalo Málaga



Ojos apretujados. Es de noche. El viento silba en sus oídos. Parado sobre algo aún no se atreve a mirar. Sus manos palpan una superficie lisa sin fin. La cabeza y espalda se enfrían al contacto del duro concreto. Un cansino dolor le recorre el dorso y quiere moverse hacia adelante. Estira un poco el cuello y un violento vértigo le lanza hacia atrás. Abre los ojos. Su primer reflejo fue echarse atrás para evitar resbalar de la cornisa.

Treinta centímetros lo separan del vacío. Las citadinas luces a lo lejos le ponen al tanto. Debe estar varios cientos de metros sobre la ciudad. Luces en movimiento y el lejano sonido del tráfico. Un avión surca el cielo con centellantes luces. No se atreve a mirar abajo. Las mangas del terno azul le vuelan como banderas al viento. Los borbotones de furibundo aire por momentos se escurren como olas en su nariz y le ahogan. Debe entrecerrar los ojos para poder ver. El cabello se le desordena con las ráfagas de ventisca. La corbata le ajusta y le dificulta respirar.

“Cálmate” – piensa - “Es solo un mal sueño. Pronto despertaras en tu cama”. 

Aunque no puede ver sus zapatos, los siente húmedos. Con temor, gira lento la cabeza a la derecha y ve que la pared termina a unos centímetros. Luego gira a la izquierda y lo mismo. No quería mirar hacia arriba por temor a perder el equilibrio y caer al vacío. Las arterias del cuello le laten con fuerza. El corazón parece salirse del pecho y con cada bombeo le empuja hacia adelante. Tantea con la punta del zapato y siente el milimétrico límite que lo separa de una caída libre. Un escalofrío le recorre el cuerpo desde las rodillas hasta la nuca.

Las piernas se le acalambran. Un ligero vahído le impulsa hacia delante y logra ver el lejano suelo cientos de metros abajo. Miles de faros de autos pasan como luciérnagas ordenadas en fila. Las manos le bailan en el aire intentando retomar la dolorosa posición. Lo logra. Casi. ¿Eh? Agitado y con los ojos desorbitados toma aire en bocanadas. Una lágrima se le escurre por la mejilla. Por ser de noche nadie lo ve parado en aquella cornisa. Está solo. Empieza a calcular. Sus zapatos miden casi treinta centímetros. Las paredes a los costados no tienen ventanas. Es decir que está parado en uno de los últimos pisos de algún edificio. Teme mirar hacia arriba pues puede caer.

Por la velocidad de los autos juzga que son más de las diez de la noche. Se apretuja  más a la pared. Cierra los ojos. Quiere despertar pero el mareo le obliga a abrir más los ojos.  La saliva se le vuelve espesa.

¡Auxilio! - se le escapó con un sollozo. El viento silba. Silencio en lo vacío. Miedo. Mira hacia arriba y ve una interminable pared. “¿Dónde estoy?”.

Las preguntas aparecen lentas. “¿Cómo llegué aquí?” piensa.

No hay neblina, así que debe ser febrero o marzo. La noche era despejada y sin luna. Debería ser un día a fines de marzo. Recuerda que estaba sentado en el bar bebiendo unos tragos con una hermosa desconocida. Ella dijo - ¿No tienes miedo? Cierra los ojos y ábrelos-. Y entonces sucedió. Estaba parado en esa cornisa.

El fuerte viento empieza a tornarse frío. Las rodillas duelen. Caería. Solo era cuestión de cuándo y contra que chocaría al morir. Morir. Esa lejana palabra ahora tan presente. Una femenina voz se escucha a lo lejos.

-¡Eh! Usted.

-Auxilio. Auxilio. Me voy a caer. –grita. Luego, un prolongado silencio.

-Señor, Tírese. No hay salida- se escucha. La voz parece venir desde arriba.

-Me voy a morir si salto. Ayúdeme-. De pronto un pequeño objeto duro le golpea en la cabeza y rebota al vacio. Sus ojos siguieron el objeto hasta caer y casi pierde el equilibrio. La respiración se le agita frenética.

-Está loca. Me va matar- grito desesperado.

-¿No recuerda? Usted dijo que su vida era una mentira. Bien. Le ofrezco despertar. Pero debe hacer algo por mí. ¿Escuchó?

Era la voz de una mujer joven. Parece recordarla. Era la joven del bar.

-Sí. Te oigo. Lo que quieras.

-Responda ¿Por qué los hombres son infieles?

El hombre quedó pasmado con la pregunta. ¿Por qué ser infiel?

-No lo sé. Por favor ¡Ayúdame!

De pronto un recuerdo le vino. La hermosa joven le dijo que su cara le parecía conocida. Que le recuerda a un amigo de su esposo. Al verla tan sensual quiso convencerla de que las coincidencias o apariencias no importan cuando de diversión se trata.

-Bien. Para ayudarlo debe saltar.

-No. Me mato.

-Salte. Es la única forma de despertar. Además ¿Qué dirá su esposa si llega sin anillo?

El hombre de inmediato palpó sus manos, cada dedo con rapidez. No estaba su aro de matrimonio. Recordó entonces que lo escondió de la vista de la fémina para el libidinoso cortejo. Cuando le acarició las piernas ya no lo tenía.  Fue en ese momento que la joven le pidió un coctel. Luego se marcharían al hotel a degustar de las pasiones que solo una veinteañera desata en un cincuentón. Para cebar el efecto de despecho el hombre relataba que su vida era miserable, que le iba mal en el matrimonio y que pronto se divorciaría.

-No se arrepentirá señor Medina.

“¿Cómo sabe mi apellido? Debió sacarlo de mis documentos. Pero ¿y si es un sueño? Ella es la esposa de Maco. Guapa la muchacha. Ahora me estoy culpando por desearla. La esposa de mi mejor amigo. Debe ser una pesadilla.”

-Allí va su anillo.

De los dedos de la joven se deslizó hacia el vacío el dorado anillo de matrimonio de Medina. El hombre vio como la joya pasaría cerca de su mano izquierda. Se estira y cae al vacío. Mientras su pesado cuerpo es llevado por la gravedad hacia el encuentro con el asfalto, sus manos, en frenesí, intentan en vano aferrarse a algo. El anillo se pierde en la oscuridad. El cuerpo de Medina se pierde en el vacío de la noche citadina. Desde lo alto del rascacielos la joven mira la escena.

-Tan viejo y creyendo en sueños-. Entre dientes la joven comenta.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Masones en Perú - Chongos Bajo (¿templarios?)

No hay prueba fidedigna, es una suposición. En el pueblo de Santiago León de Chongos Bajo, en la provincia de Chupaca, Junín, existe según tradición la Cani Cruz. Es una cruz de piedra caliza tallada en 1534 según unas fuentes, y fue hecha por los primeros españoles al llegar a la zona. además de instalar la inquisición, se apoderaron de los yacimientos de plata y oro del lugar. Resalta en esta cruz, a parte de las imagenes de la Virgen de la Concepción y de Jesucristo, la imagen propia de los masones y templarios alrededor del mundo. La prueba es innegable. ¿Que vínculo une a los masones y templarios con Chongos?

lunes, 27 de febrero de 2012

El Jirón Quilca 1995-2001: la Resistencia Cultural

Todos celebramos la caída del terrorismo. Sin embargo algo anduvo fuera de control durante los 90 en el Perú. Bajo la excusa de cuidar a la sociedad de los terrucos se regó con soldadesca las universidades y las calles. Al final, contra los cachaquitos jugamos pichangas en San Fernando. El terrorismo cesó pero empezó otra agresión, más letal: la siembra de ignorancia. Para ello, la estupidización sistemática era necesaria. La década de gobierno de los 90 fue una larga y fría noche para la cultura en general. Operó la maquiavélica estrategia que arrebataba la duda primigenia a  las noveles mentes. Los titulares de morgue y las carnosas calatas tapizaban los quioscos de periódicos. La televisión se tornó una fétida cloaca a donde iba a parar la desnaturalización de la sociedad, o al menos lo que querían dar a como cierto. El amancebamiento de la prensa y los genuflexos medios de comunicación reclutaban rebaños mansos que se fueron perpetuando, decenas, cientos y miles de veces. Tal vez muchos de esos productos hoy forman parte de ignorantes y noveles partidos políticos.
 El jirón Quilca allá por 1995 se convirtió en un bastión de resistencia cultural. Por la transitada calle han desfilado cientos de poetas, escritores, pensadores e intelectuales de la época. No califiquemos de acuerdo a la facha pues se puede hallar mucha más sabiduría en un greñudo estrafalario que en un robotizado y encorbatado empleado fabricado en serie. Fue así que un grupo de esquizoides “anarquistas” fue gestando un lugar propicio para la desintoxicación de aquella macabra creación llamada realidad peruana.
Muchos callaron y quienes  se opusieron fueron perseguidos de las maneras más ruines. Se les calumnió, acusó y se les desapareció de tal modo que el orden criminal prevalezca.
Por ese entonces tenía yo unos escasos 21 años. Como llegamos hasta allí aun no me queda claro pero nos colocamos en una butaca selecta. Nos parapetamos en plena avenida La Colmena entre tristes lágrimas y suspiros de alivio.
La nueva casa no era tan nueva. Sería el escenario perfecto para una película de la primera guerra mundial o de inicios de la época republicana. En fin, nos cobijó entre sus sólidas y vetustas paredes de concreto; aquel viejo solar fue fortín ante calamidades y arremetidas sociales. El conserje, un tal Lazarte (aunque le decíamos “Ensarte”) nos advirtió que la zona era un “poquito belicosa”. Sus habituales visitantes eran un dechado de infortunios y huracanes. Teníamos un aguatero que ante la sequía nos proveyó del líquido elemento. Había lindas señoras meretrices de todos los tipos, desde las conversadoras y maternales, a las metalizadas que te dicen “¿Ya terminaste?”. Fuera había algunos amigos de lo ajeno que nos mimetizaron entre su fauna y poco más nos volvieron parte de la familia. Y la familia es sagrada. Con la familia nadie se mete, sino chocas barrio. Aún no llegaban las épocas de “batería seria”.
Desde el techo del edificio pude observar el incendio del teatro municipal, del banco de la nación, la erradicación del comercio ambulatorio por Andrade, la reforma de la plaza San Martín, las hordas de la CGTP, una procesión del señor de los milagros y hasta una orgía oriental (como voyerista). En aquel solar nos desvalijaron la casa dos veces, me enamoré dos veces, dos veces me declaré en la plaza San Martín y dos veces me rechazaron. Dos veces comí hamburguesas de carne y cartón en la esquina, dos veces me cogió una extraña fiebre y dos veces hice mi testamento con legado de películas a mis amigos. Dos veces me robaron la mochila y dos veces fui a “la cachina” a recuperarla.
Camino a casa era el instante preciso para poner en práctica la reflexión. Estudiaba medicina en el longevo San Fernando, que corona la avenida Grau, así que el tránsito y el sentido me llevaba. En esas idas y venidas me desviaba hacia Quilca y fue en el año 1995 en que obtuve, por recomendación de un vendedor de vinilos, una copia de Loreena mcKennitt. Las sombrías melodías de la canadiense fueron una revelación. Sin necesidad de la efervescente estridencia del metal se podían obtener alegrías con el día a día. Recuerdo que llegué a la facultad emocionado por escuchar a McKennitt (como suena) y una amiga (que hoy está en los estados unidos) me corrigió: es Lourrina McKenat (como suena). Carajo, que se pronuncia “Makenit”. Años más tarde la misma Loreenna me lo aclaró. Se pronuncia “Makenit”.
En un canchón del Jirón se improvisaban recitales de poesía los viernes en la noche. Por allí desfilaron muchos poetas anónimos y no dudo que tal vez muchos de mis actuales amigos escritores  fuesen ese anónimo público adolescente que llenaba de manera taurina ese lugar. Si los cronopios existiesen serían como ellos.
Fue así como ese mismo año llegó a mis manos un pasquín gore “¿Tienes dientes?” Revelador a la vez. La resistencia cultural estaba viva. No había desaparecido. Se había ocultado para no ser devorada por la hecatombe de la dictadura.  Y resultó.
Hace unos días participé en el II congreso de escritores de literatura fantástica y ciencia ficción peruana. Con regocijo y beneplácito observé una ponencia sobre el gore en el Perú. Proyectado sobre el ecran apareció como un recuerdo vivo “¿Tienes dientes?”

La energía que me invadió solo se compara con un orgasmo de ideas. Cientos de buenos recuerdos se apretujaron en una fracción de segundo pugnando por saltar del asiento y decir “yo estuve allí”. Pero callé con una sonrisa a medio lado.

Fui testigo de la única movida cultural de la década del 90. Fui parte del público que acudió, en aquel entonces, a ver a los Mojarras, que compraba discos pirata para ponerse al día con la movida mundial, que dudaba de los titulares, que no se dejó convencer del pesimismo de la prensa y la televisión manipulada. Fuimos resistencia y seámoslo siempre.
Viva Miguel Det.

jueves, 2 de febrero de 2012

Examen Psicopatológico de Darth Vader-2da parte: La Reivindicación



Cada golpe del sable era una bofetada a sí mismo, cada empellón era un empoderamiento de la fuerza, era un flujo de emociones que transformaban el corazón del viejo Darth, rejuveneciendo esas fibras de Anakin, aquel niño que algún día dejó Tattoine, “regalado” por su madre a un extraño. Vuelve a los brazos de un arrullo primigenio, deja la esclavitud para libertarse del yugo.

Nació esclavo pero murió libre. Nuestro gladiador obedeció a los designios del amor y logró liberarse en vuelco inesperado. Quienes tienen hijos sabrán la terrorífica tristeza al ver sufrir de dolor físico a un vástago. ¿Qué fue lo que liberó a Darth? Pues a mi parecer aquel grito de ayuda de su pequeño Luke (que viene a ser la representación proyectiva de si mismo). Al ver a su hijo chamuscarse por un poderoso flujo de iones del emperador tal vez por la mente de Darth empiezan a circular aquellos flashbacks. La película propia de la atormentada mente de un señor con estrés post traumático, regalado por su madre, sin origen claro, sin padre, que se expuso a ser maltratado físicamente por un ser decadente (como Quatto y luego el deforme emperador), que encima carga con la responsabilidad de salvar un planeta que no es el suyo (Naboo) fueron decisivas. Con la proyección en mente, transmutado, carga al emperador a costa de ser arrasado por la poderosa fuerza y lo aleja de su hijo. La caída del emperador al vacío es una metáfora liberadora también. Enviar a lo más profundo aquellas señales que nos detienen, que nos atormentan. Darth se libera con ese acto aunque es al final de su vida.

El joven que algún día no pudo despedirse de su madre, que no la había perdonado por “echarlo”, el gran elefante atado por una soguilla a un ancla, esta vez se libera arremetiendo contra su domador. Por fin pudo decir “NO” a todas aquellas personas que le ocasionaron pesar encubierto. Su deseo de eternizarse se ve culminado. Pasa a la eternidad con quienes quería.

Darth no tenía otra escapatoria y lo que hace de la mejor manera, en los brazos de este pequeño humano llamado Luke, su hijo. Dath Vader, mal llamado vilano, es un triunfador.

Darth, vilipendiado y satanizado, ese ser a quienes odian, cuidaba a sus hijos de una manera soterrada. No pudo contradecir al emperador, pero pudo salvar a sus hijos. Logró la eternidad, logró dar equilibrio a la fuerza. Logró triunfar y ese es el gran mérito de este humano. Por ello, cuando le veo en los posters de mi estudio digo “que la fuerza te acompañe amigo”.

Este post tuvo un origen. Mi hija Adriana me preguntó porque usaba una máscara en forma de casco. No supe que decirle. Luego ella me dijo “papá ¿es malo?” y le dije “sí”. Y ella me volvió a preguntar “ si es malo ¿porqué llora?”. Desde ese momento empecé a buscar una respuesta a sus preguntas y me di con la sorpresa que este señor era un hombre cuya lucha tal vez nunca se entendió.

martes, 31 de enero de 2012

HISTORIAS SOBRE RUEDAS por Joel Ñufflo Hoyos

Presentacion del autor: mi amigo

Joel Ñufflo Hoyos


Joel Ñufflo Hoyos. Nació un 12 de marzo de 1976, dicen que es pisciano, pero eso suena muy maricón. Prefiere el calendario chino, por tanto es un dragón y un dragón de fuego. Es sanmarquino y sobre todo sanfernandino. Trabaja en sus ratos libres y es un aficionado a la salsa.



El resultado de vivir en una ciudad donde las personas compiten por las buenas o por las malas, es que desarrollas estrategias para protegerte, así como para competir de vez en cuando también. Que no se “pasen de vivos” y que puedas convivir con las enseñanzas de tus padres, sin decepcionarlos, y que al retorno a casa tu integridad este lo suficientemente conservada para que quienes te dieron la vida no se preocupen en demasía. Al menos no darles una preocupación adicional. Ya era bastante con coches bombas, atentados, asesinatos y demás vicios de la época de la adolescencia.

La famosa ley de la selva, en una selva de cemento… Siempre había que competir de alguna manera una o varias veces al día. Bajo esta premisa la fuerza es el argumento que se impone sobre la razón, la inteligencia y sobre todo el arte.

Salir de casa no era un problema. Los vecinos te entrenaban de alguna manera, tanto por imitación como por las cosas que te contaban, sus experiencias individuales, de las cuales en nuestra adolescencia cincuenta por ciento eran ciertas y cincuenta por ciento eran fanfarronerías o cosas inventadas. Personalmente no podía diferenciar muchas veces cual era realidad y cual era fantasía o exageración de lo que realmente ocurrió.

Hubo muchas cosas que aprendí, pero dentro de las cosas que aprendí sin que tuviese un maestro, o pudiese aprender por imitación, era el arte de viajar en un micro…. Sin pagar pasaje. La adolescencia tuvo carencias y ahorrarse unos centavos era vital para poder invertir ese dinero en otras cosas, la gaseosa, el siguiente pasaje, o el almuerzo incluso. Para no pagar pasaje, de todas maneras había que tenerlo, en el caso de que las cosas se compliquen. Finalmente el honor hay que salvarlo… y nunca perderlo obviamente.

Las estrategias desplegadas eran varias, la primera era subirse a un carro y luego de avanzadas algunas cuadras preguntar disimuladamente si iba a tal o cual sitio. – Baja no más huevón – te decían. Muchas veces ya había llegado al destino otras veces repetía la operación un par de veces y con líneas de autobuses distintas, para no “repetir” el cobrador, el hombre de la cutra, de los insultos y de las mentadas de madre.

Otra estrategia era subirse al autobús y sitiarse en determinada ubicación, pasado buena parte del viaje, cambiar de asiento o de pasamanos, claro con complicidad pasiva de gente desconocida, que ni siquiera imaginaba para qué cuernos cambiabas de lugar. El objetivo, cambiarle el esquema mental del chofer y del cobrador, a más información su memoria ejecutiva colapsaba, eso sin considerar otras variables como el coeficiente intelectual de los tipos en cuestión. Dentro de esta estrategia había otra desplegada, solicitar al desconocido que había anunciado su descenso del micro un favor peculiar – “Tío su boleto por favor”… algunos te deban su boleto, otros no. A veces dependía de la temperatura del ambiente o cuán cómodo se haya sentido el pasajero. Si eso no funcionaba la búsqueda de un boleto en el suelo también era útil, sin embargo había que cotejarlo, de repente la serie “ya no correspondía”, y como dije anteriormente había que salvar el honor, es decir si había duda de la veracidad del boleto, exigía que sea cotejado.

Ya en la universidad las estrategias se volvieron más elaboradas pero tomaban en cuenta los mismos principios. La carencia obligaba, y otras veces la oportunidad de demostrarse que podías “viajar gratis” se imponía. Es cierto que la mayoría de veces pagaba el pasaje. Pero había una suerte de motivación especial, algo que estimulaba la dopamina. Si el cobrador o el chofer eran más matones o más malcriados con las personas, más me provocaba burlarlos sin que se den cuenta. Algunas veces tuve la osadía de exigir mi vuelto, siempre perturbando la capacidad de almacenar información de un cerebro endeble. La ley de la selva era vulnerada una vez más a expensas del incremento de violencia e intolerancia de la ciudad en que vivía. La estrategia elaborada? - Las monedas de cinco soles eran semejantes a las de dos soles -  Además era conocida la displicencia de los cobradores de transporte público con los universitarios, nos llamaban “plomos”, “medio” y todos los pasajeros se enteraban de nuestra condición estudiantil. La displicencia o maltrato consistía en demorarse en dar el vuelto. Verificado que el cobrador hubiese recibido monedas de cinco soles y que se “deshizo” de tu moneda de dos soles, era el momento preciso de exigir tu vuelto…. Algunas veces con policía cerca…. Las faltas no daba boleto al universitario y no dar el respectivo vuelto. Cobrador contra las cuerdas una vez más, y la gente del micro cuales espectadores se ponían del lado del más débil y presionaban porque se solucione el impase lo más pronto posible para continuar su ruta. San Fernando a la vista y lidiar ahora con otros delincuentes, esos que te correteaban o te pretendían seguir si pensaban que tenías algo de valor en la mochila.

Los años fueron pasando y la delicia de poder demostrar la habilidad de viajar en microbús sin pagar el pasaje se volvió todo un arte. Casi efectividad del cien por ciento. También es cierto que conforme fueron pasando los años la frecuencia disminuyó notablemente, pero el porcentaje de efectividad fue superior. Leyendo un libro, haciéndose el dormido, poniendo cara seria, poniéndose cualquier boleto entre los dedos (ya no importaba si era de la misma empresa de transporte), cambiando también de lugar, subiendo con chaqueta de médico y dentro de la combi de la muerte, sacándose el guardapolvo y poniéndose los lentes, para cambiar la apariencia del individuo que subió minutos antes, bajando del micro hablando por celular es una estrategia que invoca al temor de interrumpir a una persona ocupada.

En fin, los choferes y los cobradores, muchos de ellos individuos violentos y poco cordiales me han maltratado muchas veces es cierto, pero puedo dar fe de que todas las veces que me propuse reivindicar el maltrato de manera silenciosa pude hacerlo, no es algo de que me vanaglorie, ya que  puede ser considerado poco cívico no pagar el pasaje o lo que corresponde por un servicio prestado; no soy prefecto, nunca lo seré. En muchas tertulias he comentado que definitivamente no iré al cielo, pero tampoco el infierno, y si hay que ir en combi…. Tampoco pagaré pasaje.

La última vez que puse a prueba las “estrategias” fue hace un par de semanas. Y fue la más osada, con chaqueta, logo de mi centro de trabajo, identificación personal en el uniforme. Luego de eso no se cómo ser más osado, tal vez “pagándole” el pasaje a un desconocido, de la misma forma como me ayudaron personas anónimas en mi adolescencia y juventud.