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sábado, 13 de mayo de 2017

El evangelio según Teofila

Los males del mundo, la corrupción, Odebretcht, las epidemis, los problemas sociales, hasta algunos fenómenos meteorológicos, pueden ser explicados,según mi suegra, por la mala alimentación. Su fórmula, rebatida millares de veces en reuniones, científicas, almuerzos familiares, desayunos, cenáculos de lectura, e incluso viendo la telenovela, no han servido para mitigar su fervor por la buena alimentación. Dados su orígenes, la fórmula perfecta se resume en “mashua, yuca, oca, olluco, papa”. A pesar de la explicación sobre el contenido calórico de los mencionados tubérculos, ella insiste en que son buenos para la diabetes, la tiroides, la próstata, e incluso la hipertensión y la obesidad.

Ver noticieros matinales o dominicales, cuando aparece la noticia grotesca de un asesinato, un crimen, el robo, la corrupción, son interrumpidos a mitad de nota por su conocido “papi, sabes, eso pasa porque de chiquitos no se han alimentado bien. Allá en la asierra comíamos mashua, ollu...etc”. Acabó la nota, estamos en deportes, y continúa.

Mi preocupación aumentó cuando vi la fotografía del galeno Pérez Alvela junto a las fotos de santos, familiares finados.

Ni que decir de las notas escolares. Cualquier baja en las mismas se debe, no a la falta de estudio, sino a la mala alimentación, a ala ausencia de los ancestrales tubérculos.


La fanaticada que apoyan sus ideas ha crecido. En especial la casera del mercado.  

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