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domingo, 31 de enero de 2016

La polarización de las elecciones en el Perú

Desde enero del 2015, los perfiles de los candidatos no han cambiado. Cada uno iba sumando anuncios publicitarios con estrafalarias frases como "la raza distinta", "obras" etc, etc. Hasta que llegó el momento de la verdad. La campaña empieza con un presidente alicaído, que impresionaba enfermo, envejecido, con investigaciones por corrupción que lo vinculan, junto a su esposa. Ante este escenario se presentan diversos partidos políticos: pero cada uno hace lo que sabe. Así venga el mejor asesor, no se puede cambiar la naturaleza de lo que somos. El colorete se derrite ante el calor, el rimel se corre con las lágrimas, y las preguntas incómodas terminan desnudando a cada uno.

Esto nos lleva, según mis especulaciones, a una suerte de polaridad en los electores: aquellos que juzgan desde su tribuna intelectual, dando una suerte de venia a los candidatos que les agradan, como Verónica Mendoza, Julio Guzmán, Alfredo Barnechea, entre los que pueden pasar la valla electoral. Y están aquellos que, habiendo estado en el poder, sea con algún cargo congresal o presidencial, arrastran un estigma negativo, sea en pasivo o activo. Aquí figuran Alan García, Toledo. Keiko, Urresti, Acuña. Demás está puntualizar las diversas investigaciones abiertas a dichos candidatos.

Pero hay otro punto extra: el uso del lenguaje no-verbal. Nótese que Verónica Mendoza, Guzmán y Barnechea, tienen un lenguaje corporal que es abierto. Sus poses no son las de quién invade el espacio personal. No andan besando niños, bendiciendo puestos de mercado, ni haciendo rituales que los acerquen a un "pueblo" que desconfía de lo tradicional. En cambio, los candidatos como Alan, Keiko, Toledo y Urresti usan el lenguaje verbal y no-verbal imperativo, con invasión del espacio personal, latino o no pero invasivo, lo cual genera dos reacciones: miedo/poder o culpa. "¿Cómo no vas a votar por él si está besando a tu hijo?" Eso lo escuché hoy, mientras me cortaba el cabello en el mercado de la esquina. La culpa, el miedo o temor es una reacción poderosa que mueve el mundo animal (del cual no nos hemos desligado: somos animales). Lo curioso del miedo es que genera malestar pasajero, luego del cual la mayoría de los sujetos evalúan: "¿Y por qué lo hice si la solución era tan sencilla?"