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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Todos los niños saben cantar

por Carlos Vera Scamarone

La llegada de un hijo genera gran expectativa y a la vez la posibilidad de realización de muchos padres. Los sueños por cumplir, las metas que faltaron alcanzar y los anhelos de perfección o rectitud constituyen una muda pero sólida muralla que se impone a los recién llegados. Y esta imposición puede generar un mejor acuerdo en las voces o, a veces, el mutismo del tenor ante la platea.

Según el Panchatantra, escrito en sánscrito en siglo II a.C. “Cada niño tiene escrito cuatro cosas antes de nacer: su hado, su riqueza, su educación, y el final de sus días”. Pues basándonos en estos preceptos así como el análisis transaccional de Eric Berne cada niño tiene el potencial para formar parte de la sociedad. El asunto determinante es la formación que le puedan otorgar los padres.

Las órdenes paternas (madre y padre) vienen matizadas de muchas formas. Pueden ser directas, claras y fáciles de entender como también pueden ser castrantes, disparatadas y hasta mortales. Pero los niños no saben otra cosa mas que cantar. ¿Cantar? Sí, cantar.

Me explico. Sea como sea el niño, tenga o no alguna diferencia, será el receptor de los acordes musicales de la familia. Tiene oídos aunque sea hipoacúsico, tiene voz aunque sea mudo, o puede ver aunque sea ciego. Los niños leen el lenguaje corporal, la voz, la entonación de la misma, y pueden “ver” mejor la emoción que predomina en una familia.

Hay padres que, gracias a la modulación de sus voces pueden incentivar al niño a encontrar sus propios acordes. Para ello debe llegar el momento en que ellos deban callar y esperar en silencio a que el pequeño ser se manifieste. Pero también hay padres que con sus voces de tenor o soprano pueden callar la expectativa del pequeño enmudeciendo. Eso lleva a que la voz se manifieste de otra manera. Sea como llanto, como ira, rabia, negación o desaprobación ficticia. Todo ello para encontrar alguna caricia, generalmente negativa.


Durante estos años que llevo en el mundo de la psicología y la psiquiatría he podido ver como los niños siguen el ritmo que les trazan sus padres y estoy seguro de que modulando el coro familiar conseguiremos que nuestro hijo escuche su propia voz.