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viernes, 21 de febrero de 2014

IV Congreso de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción: presentación de "La paradoja Cane"


Antes de empezar esta presentación debo advertir que no tengo hermanos gemelos, así que, si ven a alguien igual a mi, acercándose al estrado o en la platea, deténganlo. Quiere evitar que de esta conferencia.

Al ver que no ha aparecido puedo suponer que soy parte de una paradoja temporal en donde mi otro “yo” lucha contra un ser casi omnipotente, un villano, para detenerlo y lograr que pueda presentarles hoy, “La paradoja Cane”.

Todo tiene un principio, y ese punto puede ser una sencilla e imperceptible corriente de aire del aleteo de una mariposa que así llegue a trastornar hasta una estrella. Somos el resultado de la interacción de elementos que siguen un orden numérico progresivo. Todos nuestros átomos vibran en finitas cuerdas conformando partículas, moléculas, células y la vida, que a la vez se conecta con otras más hasta formar un sistema de elementos.

¿que nos une? Pues en apariencia, nada. Pero hace seis años el telescopio Hubble, usando una espectrografía diferente a la usada por el ojo humano, descubrió una galaxia compuesta de anti-materia, y materia oscura. Esto no debería existir. Pero está. Con eso llegó la coronación al descubrir al Bosón de Higgs, o la partícula de Dios. Es así que todas las cartas están echadas en la mesa. Somos los hijos del átomo y las fuerzas que los unen.

Los elementos nos conectan en infinitas probabilidades con acontecimientos que pueden ocurrir en un mismo momento en diferentes lugares del planeta. Edward Lorenz, el meteorólogo que estudió el efecto mariposa se percató que, la introducción de tres o seis decimales en una ecuación podía generar resultados tan diferentes y divergentes que creyó que estaba en un error. Hawkins, el unificador de las teorías del todo y el caos, nos muestra un universo de diez dimensiones pues le es difícil calcular uno, más probable, de veintiseis. A lo mucho, en la serie de televisión Cosmos, Carl Sagan, amigo y colega de Hawkins nos muestra como sería una cuarta dimensión. Pero ¿26? sería difícil proyectar tales cálculos a un nivel visual.

Lo más cercano que se me ocurre es una proyección infinita de secuencias sobre un mismo hecho, o una suerte de deja vú para una misma vida. El problema, como narrador es convertirlo en una cadena de hechos que al leerse sea entretenida, y llevar al lector a vivir una aventura.

Ahora, hay que darle una motivación. En la novela de Wells, la máquina del tiempo se inicia como un experimento. El narrador toma el nombre del “viajero del tiempo” y va hacia el futuro. El narrador usa la primera persona para describir sus hallazgos sobre los "eloi" y los "morlock". Y va mucho más allá, hasta un futuro en el cual la atmósfera hace casi inhabitable el planeta.
En la paradoja Cane vamos a la inversa. El narrador es omniciente y viaja al pasado. Su motivación es cambiar una tragedia, una de las más poderosas a las que se enfrenta el ser humano: la muerte de un hijo. Una novela, a mi entender, requiere de un lenguaje sencillo, sin ambages, que permita volcar, en un alter-ego llamado Daniel Cane, el sufrimiento más terrible.
Una vez que tenemos la motivación podemos añadirle los personajes. Para esto me guié en los guiones de vida que postula Eric Verne, el creador del análisis transaccional. Un guion de vida puede develarse en cada persona y esto a la vez determina como nos relacionamos con los demás. Es así que aparece en la vida de Daniel Cane un villano: Duncan Hershell. Un acosador que da un giro inesperado: financia los delirios de Daniel.

La novela tiene varias capas, si se puede decir. Una es la trama psicológica, que impulsa a la vida de Daniel Cane y su villano, Duncan Hershell. Otra es la crítica a la ciencia, que usada con propósito lucrativo, puede terminar destruyendo a sus creadores.
Hay personajes que me parecen memorables, sea por cercanía o un alter-ego alterno siento simpatía por Ububa Zingá, el pirata senegalés que surca los mares en el Ubinda, su buque petrolero, donde se construirá la máquina del tiempo.
Y el gran personaje de la obra: el tiempo. Esa dimensión en la cual nos movemos sin siquiera percatarnos de su existencia. La narración lleva al lector a hacer introspecciones evocadas de cada personaje. Luego se les apura a modo de empujarlos a una lectura intensa. Los detalles, a veces minúsculos, pueden ayudar y ser los más importantes.

Esta novela se basa, además, en las enseñanzas de Armida Quiñones: una nonagenaria visionaria que me inició en el conocimiento de los quarks, los neutrinos, la fuerza fuerte, la fuerza débil y la gravedad.

Sin más les invito a entrar en la paradoja Cane, una novela de ciencia ficción.
Y quiero agradecer las palabras del catedrático en literatura Elton Honores, quien me permitió tener un espacio en el IV congreso de literatura fantástica.
¡Quien sabe! Tal vez seamos parte de una paradoja.

Terminando así puedo mirar hacia la puerta de la sala, y percatarme que nadie me ha disparado. Por eso les invito a leer y entremezclarse en "la paradoja Cane".