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sábado, 27 de diciembre de 2014

Don Vito Corleone y la Familia - perfil psicopatológico

En revisión


Llevábamos casi dos horas en el estudio del Don. La luz amarilla de la bombilla incandescente hacía que todo parezca añejo y hasta solemne. Durante esas dos horas el Don se había mostrado amable y hasta juguetón por momentos. Mike mantenía su mirada directa hacia mi persona y a veces esbozaba una sonrisa cuando el Don contaba algún detalle de su niñez en Sicilia. Reconoció que su verdadero nombre era Vito Andolini y que a los doce años ya era todo un hombre. Quizá por eso la mafia intentó matarle a tan corta edad. El exilio en los Estados Unidos solo hizo que la confianza en ser un paria se arraigara más. Empezó trabajando en la droguería de los Abbandanando y tuvo el primer encuentro con Fanucci. Todos los presentes sabían que eran datos que nunca había contado y que tenían un precio. Luego narró como se instaló en los barrios de Nueva York y lo que le costó ganarse el título que actualmente ostenta. No me resultaba extraño que un hombre de su edad tenga tanto que contar y haya pasado tanto para vivir na vida decente. Una vez que pasó el tiempo prudencial el Don hizo una seña a Tom Hagen y éste le llenó la copa de un licor y luego me acercó un pequeño vaso de anís. Lo bebí y se me despejaron los entumecimientos de las piernas. El Don es tan conservador a la hora de hablar. Los caporagime están de pie junto a la puerta. Sólo Tom Hagen se queda en su sillón fumando un cigarrillo. El Don se rasca la barbilla y mueve la cabeza en desaprobación.
-Nunca me he negado a responder las preguntas de nadie. Nunca. Y tienen mi palabra de que es cierto lo que digo. ¿Qué pasaría con los jóvenes si se les niega el saber? ¿Terminarán formando parte de una pandilla de asesinos que matan sin preguntar? No. Eso nunca. Por eso he decidido responderle señor Scamarone. Y digo Scamarone pues su apellido me parece respetable entre los mismos miembros de la Familia. En especial los católicos sicilianos que llegaron hace casi un siglo a estos puertos. Su apellido me llena de orgullo y por eso lo respeto. Y quiero que sepa que si lo respeto espero lo mismo de usted. Un día, que tal vez nunca llegue, le pediré que me devuelva el favor.

Dicho esto Don Corleone sorbió un poco de strega que Tom le había servido. Luego hizo una seña a Mike, que se puso de pie de inmediato. Éste me tomó por el brazo y supe que era el final de la entrevista. Nervioso, sudando, giré la cabeza para ver por última vez al Don. Pude zafarme de la mano poderosa de Mike y avancé dos zancadas hasta el escritorio de Don Vito Corleone.
-Perdóneme por preguntarle sobre su vida, Padrino.
Fue cuando el Don hizo un gesto con la mano y todos guardaron sus armas. Solo Tom permanecía quieto e impasible. El Don agregó:
-No me gusta la violencia. No somos asesinos después de todo. Vaya con tranquilidad. Mis guardaespaldas lo escoltarán en un auto hasta que usted se encuentre seguro – sorbió un poco de strega y se puso de pie con la majestuosidad que emanaba de su vejez y experiencia – Tenemos muchos enemigos, algunos gratuitos, por eso mis hombres cuidarán que no le pase nada. Dios no quiera que alguno saque un arma y usted se encuentre en medio de un tiroteo.
-Gracias, Padrino.

Mike me hizo una seña que interpreté como una orden para retirarme.

Caminé hasta el pórtico mientras pensaba en todo lo dicho por el Don. Sabía que no había retorno. Todos estaban en sus casas. Nadie asomaría pasadas las diez de la noche en la villa de Long Beach. Clemenza y Tessio iban tras de mí. Así que era momento de empezar a sacar conclusiones. El Don provenía de una familia de agricultores del pueblo de Corleone, en Sicilia. El padre del Don murió asesinado por no ceder ante un pleito con el caporegime local. Eran los finales del siglo XIX y la mafia siciliana era una especie de gobierno en las sombras. Las autoridades estaban mal vistas y acudir a ellas solo empobrecería a los demandantes de justicia. Vito tuvo que huir de esa guerra. Dejó su pueblo. Dejó a su madre. Pero conservó un vínculo con su origen: Corleone. Su oculto origen pero a la vez evidente. Tal vez una burla al mundo que le había quitado tanto. Su vida en los estados unidos tampoco fue fácil. Se adaptó a la primera guerra mundial, la gran depresión y sobrevivió a la segunda guerra mundial.
EL Don se había caracterizado por ser un conservador. Para él la familia constituía la vocación de todo hombre. Un hombre que no velaba por los suyos estaba cometiendo “infámitta” y eso era tan reprobable como un asesinato. El Don poseía cabeza fría y por eso calculaba el peso de cada hombre. Sabía que los impulsos eran una mala guía para tomar decisiones. Eran bien valoradas sus intercesiones a favor de algunos asuntos. Por ello se ganó el título de “padrino”.

No se le podía incriminar en nada. El Don sentía culpas aunque aprendió a reprimirlas. No tenía ningún tipo de pensamiento que le quite el sueño ni le despierte a medianoche. Sus únicos reveses fueron el inicio de Santino en la mafia y su posterior muerte a manos de Sollozzo. Don Vito Corleone sabía el poder de sus palabras. Medía al milímetro cada cosa que pronunciaba. A Don Vito le era conocida la virtud de ser un buen negociador. A veces toleraba los insultos de sus oponentes. Pero jamás perdía los papeles. Por ello, si al final de una negociación no se llegaba a algún acuerdo, Don Vito sencillamente se retiraba. La vendetta aparecería en cualquier momento. Frío para los negocios pero cálido para la familia, Don Vito sería considerado un disocial con clase. Un capomafia. Jamás un simple sirviente. Por ello cualquier insinuación a menor valía no era apropiada.

La adaptación de las Familias italianas en diversas partes del mundo era famosa. Su contraposición a las reglas era legendaria pero le había significado la sobrevivencia.

El Don sabía que hijos había criado. Santino era el más impulsivo. Por lo tanto, según el Don, carecía de lo necesario para heredar el negocio de la Familia. Freddo era muy dado a los placeres. En cambio Michael era el más frío de sesos. Capaz de asestar un golpe lento. Mike, tras la muerte de Santino heredó la Familia.

Los psicópatas, sujetos amorales, basan su vida en lealtades implícitas. Se rodean de gente con deseos de morir y los usan. Usan sin remordimiento a los demás. Son fríos, calculadores aunque pueden establecer vínculos que les aseguren un beneficio. En este caso el Don necesitaba a su familia: los Corleone. Entiéndase “familia” tanto como la extendida visión conservadora donde intervienen numerosos miembros (abuelos, padres, tíos, tías, hijos, nietos); además de una extensa red de contactos leales que practican la “omertá” o ley del silencio. Quien traiciona a su familia, traiciona su mundo y debe morir. Me quedó claro la tipología psicopatológica del Don aunque sabía que mis preguntas merecían un pago: mi vida.

Fui conducido sin cruzar palabra hasta el auto y emprendimos la marcha. Fue cuando percibí movimiento en el asiento trasero. Era Clemenza queriendo enlazar mi grueso cuello con un hilo de seda fina pero Tessio lo detuvo. Nos detuvimos en una gasolinería de la carretera. Clemenza me hizo una señal y entendí que debía bajar. Antes de partir me dijo:
-¿Conoce la omertá?
-Sí.

-Hágalo – y partieron a la carrera. Nunca más supe de ellos.

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