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martes, 23 de septiembre de 2014

¿En Perú hablan español?

Estoy esperando el vuelo que me retorne en cuerpo (mas no en alma) a Lima. Y hay cosas que no quiero dejar pasar. Primero: me llamó la atención lo duro que puede ser para un humano cambiar de latitud. Recién me estoy acostumbrando al horario y ya me voy. Tuve que descansar varios días al atardecer para lograr equilibrar mi reloj biológico. Ni la melatonina ni el mate de coca compensan el desajuste.

Los parisinos tienen una de las más bellas estaciones de metro que he visto: Montparnase. Los deseos de que en nuestro Perú se repita similar experiencia (la del metro) son casi obsesivos. Un ingeniero chileno, con quien conversamos durante un desayuno, me dijo que el suelo de Lima tiene muchas filtraciones, lo que dificulta (pero no imposibilita) la construcción de un metro. Respecto a España prefiero guardar recato pues hay diferencias culturales. Seré conservador por la cantidad de amigos que habitan sus diversas regiones. Las divisiones pueden afectar a una nación sin que se aparente. Por fin entiendo lo del país Vasco, Asturias, Cataluña y Castilla. Cada cual tiene variantes de una misma lengua latina ancestral.

En Madrid se puede encontrar cientos de nacionalidades, diversos, Son respetuosos de las reglas. Los taxis se estacionan en los paraderos establecidos. La gente respeta las señales al cruzar la calle. En Barcelona tengo el agrado de hallar a mis amigos viviendo por años allí. Eso me gustó. El acuario, la plaza Colón, la plaza de toros, y la catedral de la Sagrada Familia. Las casas llevan más banderas independentistas que otras ciudades. Y es que el catalán, reprimido como lengua durante el gobierno de Franco, llevó a una exacerbación de los ánimos independentistas. Gracias a mis amigos aprendí la famosa "Ley de vida": los hijos se van y los viejos ¡bueno! Toledo, la fortaleza medieval donde los reyes católicos dieron inicio a la edad moderna también es importante. Su arte muestra como en un mismo lugar la tolerancia posibilitó la convivencia pacífica de árabes, judios e hispanos. Lo que no me gustó fue el tour que hice a El Escorial. El trato de la guía deja mucho que desear. Tal vez sus ansias de aguar el viaje pudieron más pero no la dejamos. Para eso hemos demostrado que los colombianos y los peruanos podemos ponerle salsa a la carencia de estrógenos.

En París hay un encanto desde su gente hasta la comida. Tenemos el prejuicio de que es caro. Sí, es cierto. Pero vale la pena invertir en comer bien. Allí es mucho mejor hablar español que inglés. Cuando se insiste en ese idioma parece activarse una barrera, como si una concha se cerrara. Da la impresión que tuvieran recelo como cuando los nazis entraron a saquear la ciudad. Pero bueno, eso es punto aparte. Veamos. Ir a París es bello y se puede identificar quien es latino y quien no. Entre turistas la mejor forma de comunicarse es el inglés hasta que salta alguien que pregunta: Du yu espik espanish? Y la respuesta es inmediata. "Si, por favor". Y lo que viene da para una película con Alonso Cuarón. Desde "Hijole, pos la neta me huele que esa es la estación de metro. ¡Claro! Pos habrá que ir", hasta la más desubicada ante la pregunta de donde proceden. Una chica mexicana, de novia, responde "Somos de México y ¿usted?" De Perú-dije y sonriendo. "¿En Perú hablan español?" Se me retorcieron las tripas de ganas de responder algo propio de tamaña ignorancia pero pensé "Es su luna de miel y mejor ser adecuado". Sí, le dije. Hasta el otro amigo mexicano que cuando se enteró que estaba ante un latino exclamó "¡Orale que chingao!" Interesante.

Luego de salir del Panteón fuimos a tomar un café y el mozo sirvió la comida con tanta caballerosidad que le otorgó hidalguía y abolengo a una simple pizza y un café. Era como si ese plato fuera de oro y preparado por manos expertas. Era como otorgarle un crédito extra al chef. Me gustó, tanto por el sabor y por el trato. "Sivuplé".  ¡Ah! Las habitaciones del hotel eran barrocas, como si en aquel lugar se hubiese escrito la Comedia o algún pensador rococó se hubiese posado sobre el tapete. Era pequeña pero bella.

Pasear por Sant Michell fue un viaje al pasado universitario de manera abrupta. Ver la Sorbona, ver la casa de Balzac, y por allí el café donde Vallejo tomaba algunos brebajes pues fue reconfortante. Pero de todas las catedrales me quedo con Saint Chapelle donde los vitrales iban desde el piso hasta el cielo. Cada uno podía lograr que se relate la historia de la biblia sin necesidad de moverse mucho. Construido en el siglo XII sobre las antiguas ruinas de los Galos parisien, encierra un encanto digno de reyes. Es hermoso.

Y el Cancan no es más que el resumen de la sensualidad de la mujer parisina y su fuerza. Es un digno espectáculo para disfrutar en familia y con una copa de champagne.  No hay lonjas de jamón ni siliconas, extra para mejorar la apariencia. El espectáculo eterniza lo mejor de la Belle epoqué.

Bien, dejo París, vuelvo a Madrid a esperar unas 6 horas para mi vuelo y a la jungla. El sueño terminó. Y hay que volver al Perú. Consejo: si son peruanos los que leen este post les ruego que no vean televisión nacional ni noticieros (menos los domingos). Además caminen. De cuadra en cuadra se llega lejos. Cumplamos las reglas. Es mejor actuar como adulto y ver que es lo más conveniente. Por el hecho de mostrar opulencia postergamos el bien común: me refiero a la corrupción y toda su lacra. Es el momento de cambiar. Es el momento de empezar.





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