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viernes, 3 de mayo de 2013

La literatura y sus demonios

Hoy venía en el auto, y recordaba mis aventuras literarias. ¿Que nos empuja a escribir? Pues expresar lo que pensamos no es lo único. La inmensidad del pensamiento humano va divergiendo en muchas cosas. La ciencia ficción, los libro de autoayuda, la literatura infantil, están subvaluadas. Pero también hay otras más, novelistas, narradores, relatores, cuentistas, cronistas. Muchos más. Tengo la suerte de conocer a muchos. Y una característica de ellos es la honestidad: son honestos consigo mismos. Se hacen responsables de lo que sienten, lo maquillan, lo hacen digerible. Y somos una sociedad que necesita literatos. No es que cualquiera escribe. Hay una necesidad para escribir y debe ser atendida por el estado. No basta con los premios o los fondos universitarios. Necesitamos crear conciencia. Tal vez un patrocinio cultural de cada empresa privada. Nuestra sociedad necesita leer. Y entender lo que lee.

Los literatos tienen sus motivaciones, sus demonios. Esos demonios tan necesarios. Imagínese a Vallejo sin depresión, o a Arguedas. Imagínese a Borges sin su ceguera. Imagínese a Hemingway sin alcohol, o a Verne sin ansiedad, a Chocano sin su megalomania La literatura es una forma de expresión, así como el arte de bailar, o la pintura. Pues esos demonios ayudan.

Para mí fumar un cigarro es crucial para deambular por Lima y ver la ciudad caótica  Y es que Lima (el Perú) está intentando ser algo. Ya no es la Lima de Chocano, ni de Prada. Es la Lima de Wendy Sulca, de la Tigresa, de Tongo. Y ellos son los más. Una galería de pocas obras (el ridículo para mi es "pintura con agua de mar" y ver dos lienzos vacios), no es representativo de nuestra cultura.

En fin, somos una sociedad que busca su identidad. Los escritores narran sus desventuras. Por eso recien entiendo que los finales felices van más a literatura de autoayuda. Necesitamos a los Ribeyros. Se puede. Lean, que no es malo. Necesitamos a más Paco Yunque viendo como le rompen su carpeta. De eso se alimenta la literatura. De sueños, de glorias y sobre todo la realidad.

La literatura fantástica nace de la realidad, de una necesidad de cambio. Azimov, Clark, Wells, Verne. Todos necesitaron domar el demonio, hacerlo su amigo, jugar con él. Y despues exprimirlo.