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martes, 5 de julio de 2011

El Huayco: Una Metáfora Terapeutica

Por Dr. Carlos Vera Scamarone

En un lugar cercano a un pueblo, vivía un señor campesino. Su casa, hecha de adobe, palos de eucalipto, e ichus (1) se escurría en la falda del cerro cercano cuya pendiente daba directamente al río. Sus ovejas y vacas estaban también en un corral empinado, de difícil acceso. Era soltero, hijo de una viuda joven que ya había fallecido. Cerca de su casa estaba el pueblo, ubicado en una extensa planicie verde, rodeada de eucaliptos, del rio manso y curvo, con sus cantos rodados que rugían como un ejército de vacas marchando. El alcalde y otros vecinos habían invitado a este señor, repetidas veces, a mudarse a una parcela en el pueblo. Iban varias veces que el hombre perdía su casa y los animales por los huaycos (2) que se escurrían por la pendiente hacia el rio. Pero, en terco afán, volvía a levantar su casa a duras penas, en la misma ladera donde pasaban los huaycos (2), revolviendo las piedras, los bienes y las tristezas.

“Don Porfirio, vengase al pueblo. La comunidad le da una casa con título de propiedad reconocido y todo. Hasta le ayudamos a traer sus animales” le decían de mil formas intentando remover la conciencia de aquel testarudo hombre.

“Es que es el terreno de mi madre, no lo puedo dejar, es un recuerdo, además ya no va a pasar el huayco por aquí, le he puesto una muralla de pirca alrededor” se excusaba una y otra vez cada vez que le invitaban a vivir cerca al pueblo.

Así pasaron sus días. Esquivando los aludes de la madre naturaleza, esquivando su realidad, evitando cambiar.

(1) Ichu: vegetación similar a los pajonales

(2) Huayco: alud

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