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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Café de Madrugada

Es de madrugada. Tal vez desde mi ventana se vea la avenida con su hermosa arboleda. Son las 6 y media y mi hija aún duerme sobre mi pecho. No ha querido despegarse de mi esternón desde las cuatro de la mañana. Recién a las seis de la mañana, con un suave movimiento corporal, en bloque, fue cayendo a la cama, por gravedad y buscó calor en las frazadas. Mi suegra se levanta a las cinco de la mañana todos los días, incluso los domingos, a pasar gota a gota el café. Mi esposa llegará. Es enfermera y hace guardias.  Esta vez me tocó cuidarla, hacerla jugar, cambiarla, darle su leche, sacarle el chanchito, hacerla dormir,  volver a cambiarla, hacerla dormir, volver a darle la leche y de pronto, mis ojeras forman un nuevo párpado en cada uno de mis ojos. Pronto llegará y me salvará. Ya se puede oler el café que surca el ambiente desde la cocina y lo inunda todo. Y es que, para mí, el café ha sido la bebida esencial para mi crecimiento. Cuenta mi abuela que me destetaron con café. Si ha eso le sumamos los jarabes de teofilina para mi asma y las pastllas de salbutamol, pues tuve una sobredosis de estimulantes. Por eso soy así. No me juzguen. (mentira)

Son las seis de la mañana y media y puedo urgar en la cocina y asirme de la cafetera. Me sirvo una taza llena y la rebajo con agua fria. Me gusta el café frio. Me parece que pasa mejor. Puedo sorberlo sin temor a quemarme. Y, en ese momento, sólo en aquel momento, puedo ver al sol salir de su cuna y posarse en el cielo. "¡Que estarás pagando!" dice mi padre. Pues no sé. Hasta ahora no lo sé, pues si este pago, este cansancio, es rico. Puedo estar cerca a mi hija, a mi única hija, y verla crecer. El cansancio es lo de menos pues los hijos nacen, crecen y se van. Es la ley de la vida. Mi pequeña Adriana, de seis meses de edad duerme en su cuna. Su olor es único. Huele a sudor de bebé. Su sonrisa vale todo. Hace dos meses renuncié a mi trabajo fijo y de muy buena paga en Huancayo. Sé que podía haberlas llevado pero redecidí estar aquí, en Lima. La vida es más agitada, todo es más rápido, la gente anda apurada, pero asi es Lima.

Quería ir con mis amigos pero con este cansancio voy a dar lástima hablando gargarismos ininteligibles. Por el momento he cambiado esa ansiada reunión por uno con animalitos de plástico y peluches antialérgicos. Es experta en desarmar cosas. Puedo esmerarme en armar la más sofisticada casa, digna de Graña y Montero, pero ella tarda 3 segundos en desarmarla. Ademas que le gusta imitar al leon, aunque a veces le pone rugido a una jirafa (punto por aclararle). 

Son las siete de la mañana. Bebo un sorbo de café, camino a su cuarto y la observo mientras duerme. No hay momento mas feliz en mi dia que verla despertar.
Se volvió a despertar.

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